Ookami wa Nemuranai: Episodio 14.9 - 14.10

Autor: 支援BIS (ShienBIS)

Traducción en Inglés: Sousetsuka. (https://www.sousetsuka.com/p/blog-page.html)

Traducción en Español: Torno Traduce.

14.9:

Eda volvió a hablar pasado el desayuno.

–Creo que voy a ir donde Shiira hoy.

–Sí, deberías.

–Aparentemente, tiene cierta compatibilidad con la magia mental. No sabemos si va a ser útil o no, pero ya con saber como usar una de esas magias va a tener resistencia total a todos los hechizos de la rama. Además de eso, la resistencia es proporcional a la cantidad de maná del mago. No hay desventaja de que vaya a aprender a lo de Shiira.

Algo lo estaba empezando a poner nervioso.

–Alguien está en la puerta.

Una persona había estado quieta frente a la puerta principal hacía ya un rato largo. La misma tenía una ínfima cantidad de energía mágica.

Si fuese alguien que tuviese algo que tratar con ellos, habría llamado a la puerta, mas no lo hizo.

¿Quién era, y que hacía ahí?

Lecán decidió salir, pasando por el pequeño jardín. A su alrededor yacían erguidas paredes más grandes que él, por lo que no podía ver al individuo directamente.

–Hm…

Sin embargo, no hacía falta. Él podía intuir por instinto que quien sea que los estuviese viendo era una persona con mucha habilidad.

Por supuesto, dicha habilidad era como guerrero, no como hechicero. Aun si podía sentir el maná dentro de la gente, era imposible para él medir la pericia mágica de alguien que no conocía.

–「Flotar」. 「Mover」.

Con esas dos magias, removió el cerrojo y abrió la puerta de un empujon.

Un joven estaba acomodado al lado de la puerta, pero en un instante se puso frente a él y lo saludo con una profunda reverencia.

–Lamento molestarle tan temprano.

Se le hacía familiar. ¿Dónde lo había visto?

–¿Va a salir? Lo esperaré en la casa, si es que tiene prisa.

–No vas a entrar a mi casa. ¿Qué hacés acá?

–¿Podría vos ser tan cortés de invitarme a vuestra casa?

No fue hasta que vio la espada que colgaba de su cadera que lo reconoció.

–… Adelante, Arios.

El espadachín llamado Arios volvió a bajarle la cabeza antes de pasar.

14.10:

–¿Q-qué dijiste?

–Me gustaría estudiar como vuestro pupilo, Lecán-dono, si me permite el privilegio.

–No, no, te escuché. Lo que no entiendo es cómo vas a querer estudiar bajo el ala de alguien que casi te mata.

–Vuestras acciones me conmovieron.

–¿Mis acciones hicieron qué?

Unos días antes, Eda había sido secuestrada por la Casa Goncourt. Lecán arrasó con la mansión principal de la familia, la recuperó pero no sin antes interrogar a la cabeza de la familia.

Arios era el joven que había montado guardia en la puerta que llevaba a su habitación.

Intentó detenerlo, y Lecán en respuesta lo rebanó con su espada y descartó su cadáver sin más deliberación.

Nadie normal podría salir vivo de una situación así, pero Arios lo logró gracias a la peculiar Gracia del objeto conocido como 「Gota de Vida」 y a su demás equipamiento. Su vida pendiente de un hilo, fue Eda quien terminó de traerlo de vuelta.

Al final, resultó que Arios no era una persona contratada por la casa, sino que había sido un mero invitado que estuvo en el momento y el lugar incorrectos.

¿Cuál de todas las bestiales obras de Lecán lo habían “conmovido”?

–Vuestro valor al marchar en territorio enemigo para recuperar a su compañera. Aquella integridad en buscar justicia, sin importar el enemigo. Eso me conmovió.

Mirándolo mejor, Lecán se sorprendió de lo joven que se veía. Cuando pelearon, su presencia se había sentido como la de un artista marcial veterano que podría haberlo matado con el más mínimo descuido. No era raro asumir que dicho aura le tendría que pertenecer a alguien más grande.

–Fui muy ingenuo. Creí que tenía habilidad con la espada, pero todas mis habilidades no fueron más que trucos infantiles frente a vos.

Incluso en una charla tranquila, su postura no tenía punto ciego. Era un espadachín de primera.

–Posterior a mi derrota, vos tomó mi espada como trofeo. No obstante, al revivir, me la devolvió… usted es consciente del orgullo de un espadachín.

Lecán frunció el ceño de manera similar a cuando se encontraba con una molestia.

Esta persona, sin duda, era una tremenda molestia.

–Y por sobre todo, vuestra habilidad blandiendo la espada. Como vos pelea… verle me hizo darme cuenta de mi propia arrogancia. La lección que impartió me ha abierto los ojos.

–Fue Eda quien te salvó la vida. Si querés agradecer que tenés los ojos abiertos, que sea a ella.

En respuesta, Arios se giró en su dirección.

–Es usted Eda-dono, entonces. Había oído de vuestros logros de aquellos presentes ese día. Qué milagrosa 「Recuperación」. Muchísimas gracias.

Tal como hizo con él, le dedicó una reverencia profunda.

–A-ah, ehm… ay, qué cosas…

–Mirá cómo se returce. ¿La pico un bicho o qué? Y con lo roja que está…

Sin embargo, fue Lecán-dono quien me conmovió. Es vos el maestro que he estado buscando.

–Vos aprendiste esgrima de primera, ¿verdad?

–Por supuesto.

–Tu habilidad con la espada seguramente es mejor que la mía. No hay nada que yo pueda enseñarte.

–¿Mas no fue usted el vencedor en nuestro duelo?

–Solo no tenía ganas de pelear con espadas porque me parecías muy fuerte. Fue por eso que usé magia para hacerte mucho daño de la manera más rápida posible antes de cortarte el pecho. No hubo esgrima alguna en eso.

–Precisamente. Vio a través de mis habilidades en un instante y me venció de manera tal que superó todas mis expectativas. Vuestro estilo de pelea cuenta con una flexibilidad de la que el mío carece.

Arios se levantó de la mesa y se detuvo frente a él.

Su rodilla derecha tocaba el piso. El joven sacó su espada de su cinturón y se la presentó a Lecán con ambas manos con la cabeza gacha.

 

–Qué incordio…

–¿Está haciendo algo como una ceremonia de presentación de espada?

–Supongo que así es que piden los aprendices que un maestro los tomé en este país.

–Si tomo la espada de este mocoso sin pensarlo, quizás termine dejando en piedra que soy su maestro.

Aun así, no tomar la espada también podría malinterpretarse que lo aceptaba como pupilo. Preguntarle a Eda qué debía hacer era inútil; estaba por su cuenta en esto.

Lecán hizo algo que no podría malinterpretarse de ninguna manera.

Le pegó una patada a la espada de Arios, la cual golpeó la pared antes de caer en el piso con un fuerte ruido de metal.

El joven espadachín se quedó embobado.

–A-AH, LECÁN, ¿¡QUÉ ESTÁS HACIENDO!?

Lecán se fue de la casa con esa voz enojada gritándole desde atrás.

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