Ookami wa Nemuranai: Episodio 14.1 - 14.2 / Inicio del Episodio 14
Autor: 支援BIS (ShienBIS)
Traducción en Inglés: Sousetsuka. (https://www.sousetsuka.com/p/blog-page.html)
Traducción en Español: Torno Traduce.
14.1:
Al día siguiente, Lecán y Eda fueron al centro médico luego de desayunar.
Quien los recibió no fue ni más ni menos que Jinga, con un saludo rápido y cordial.
–Norma-sama se encuentra disfrutando su té de sobremesa. Por favor, siéntanse como en su casa.
Los tres llegaron a una sala de lectura en la parte trasera de la casa.
–Norma-sama. Lecán-dono y Eda-dono han venido a por usted.
Una vez tuvieron el permiso del caballero, los dos entraron.
–Eh, ¿qué hacen aquí ustedes dos? ¿No han ido al calabozo todavía? ¿Pasó algo?
A su alrededor habían estanterías, llenas hasta el tope de libros que Lecán jamás había visto en su vida. Incluso parecía tener algunos de tapa muy bien bordada; probablemente hechos por profesionales, lo cual los separaba de los más mediocres. Aun así, a Norma parecían interesarle todos por igual.
En una mesa al lado del escritorio, pilas y pilas de documentos sin terminar yacían perezosamente.
–Es demasiado apretado aquí como para que hablemos cómodos. Vayamos al salón que está al lado del jardín.
–Entendido. Norma-sama, por favor guíe a nuestros invitados.
–Un. Lecán, Eda, por aquí.
Las luces del techo y el escritorio se apagaron cuando Norma dejó la habitación.
En la sala de descanso, había un sillón lo suficiente grande como para que él se pudiese sentar sin ningún problema.
Desde ahí, podían ver la hermosa vista del jardín; árboles altos y pastos verdes disfrutaban el haz de luz mañanero.
Las plantas absorbían la energía de la tierra, se regocijaban con la bendición del sol y crecían para ser ingredientes en medicinas que, en un futuro, salvarían vidas. Todo el lugar reflejaba el ciclo de las bendiciones que daban los dioses, desde el cielo hasta el suelo.
Jinga llevaba consigo el té que ella había dejado en su estudio, junto con una pava caliente y tres platillos.
Una vez puso las tres tazas frente a ellos, dejó la última en una mesa aparte, donde se sentó.
Jinga no era ni un mayordomo ni un sirviente. Desconocía cuanto le pagaban, pero tampoco era un mero empleado doméstico. A pesar de estar a cargo de las tareas misceláneas de la clínica, no tenía un estatus social tan distinto al de ella.
De hecho, considerando que portaba un nombre de casa noble y el prestigio de ser un caballero, probablemente estaba mucho más alto en la jerarquía de la alta sociedad que Norma, quien era una campesina.
Aparentemente, Jinga había sido el guardaespaldas de su madre. Daba para pensar cómo la “pequeña Norma” se veía reflejada en los hombros del antiguo guerrero.
La madre de la doctora dejó el mundo de los vivos, y en consecuencia, Norma quedó a su cuidado.
Jinga probablemente los siguió a ella y a su padre cuando volvieron a casa. ¿Cómo se sentía ella sobre eso? ¿Le parecía bien o le molestaba? Era imposible saberlo a ciencia cierta.
De lo que no había duda era del hecho de que la presencia de Jinga fue como un ángel guardián para Norma, sobre todo luego de la muerte de su padre.
Al verlos desde afuera, podía ver lo armoniosa que era su relación. Un vinculo así toma tiempo en formarse, y ciertamente no era algo que un ajeno tenía derecho a desecrar.
Dicha noción lo hizo pensar por un breve momento antes de abrir la boca.
–A Eda la secuestró la Casa Goncourt anoche.
14.2:
–…¿Eh?
–Eda y yo hablamos con Shiira para ir al calabozo temprano en la mañana. Después de eso, ella se fue a nuestra casa, yo practiqué magia con Shiira y fui al orfanato. Para cuando volví, ya se había hecho de noche.
Norma parpadeó estupefacta unas cuantas veces mientras continuaba.
–Al volver, no la encontré en ningún lado. Todas sus cosas quedaron en casa, por lo que empecé a pensar que podrían haberla secuestrado.
–¿Y-y entonces?
–Fui a buscarla a la Casa Goncourt, que era adonde la habían llevado. Cómo la habían puesto a dormir con algún medio extraño, la desperté con una poción amarilla.
–M-me sorprende que te hayan dejado verla.
–No lo hicieron; me abrí camino hasta la habitación donde la tenían cautiva. Según lo que ella recuenta, los mensajeros de Zepus fueron a casa para buscarme a mí. Uno de ellos la noqueó mientras el otro la distraía.
–Ay, Dios…
–La llevé hasta la pieza de Prado para pedirle una explicación.
–Me sorprende que te hayan dejado verlo.
–Varias personas trataron de atacarme. ¿Cuántos eran?… no me acuerdo, pero ninguno fue demasiado especial.
–Puedo hacerme una leve idea de lo que pasó.
–El mayordomo, Kanner, llamó a Zepus a la habitación. El maestro de la casa tenía a un asesino en el techo que trató de matarme. Dispuse de él con una 「Lanza de Fuego」 que perforó el techo.
–¡Abrió un hoyo gigante en el techo y la terraza!-añadió Eda.
–¿Estabas tratando de meterte en una guerra en contra de la casa, Lecán?
–Sí pensé en matar a todas las personas ahí presentes, pero luego de aprender que fue algo causado solamente por Zepus, resolví la situación con solo su muerte.
–… ¿Qué?
La complexión de Norma cambió por completo.
–¿Qué acabas de decir? ¿Le hiciste… QUÉ a Zepus-dono? Repítelo, por favor.
–Le saqué la cabeza.
La doctora dejó de moverse con ojos bien abiertos, como si fuese una estatua.
–Hice que Prado jurase dos cosas; que no se volvería a meter con Eda, y que se desharía de los observadores a tu alrededor. Cuando me prometió que cumpliría con esas promesas, me decidí a no matarlo. Eso es todo.
Esta vez, fue Jinga quien habló.
–¿Los observadores de Norma-sama?
–Sí. Zepus tenía personas vigilando a Norma a todas horas; así se enteraron que Eda y yo estábamos acá. Incluso lograron averiguar donde vivíamos desde el primer día que estuvimos estudiando.
–No tenía idea. Con que esas eran las identidades de aquellas extrañas presencias que sentía de vez en cuando…
–Ah, una última cosa, que casi me olvido. ¿Norma?
–… ¡e-eh! ¿S-sí?
–Prado había visto 「Purificación」 durante la Ceremonia de Coronación Real. Así fue que supo que el 「Recuperación」 de Eda era cualitativamente distinta a una normal. También sabía como se veía un hechizo de curación de nivel avanzado gracias a eso.
–Ay de mí; eso explica cómo Prado-san sabía tanto…
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