Ookami wa Nemuranai: Episodio 11.13

Autor: 支援BIS (ShienBIS)

Proveedor de Traducción en Inglés: Sousetsuka.

Traducción en Español: Torno Traduce.

–E-esperen, por favor…

–Sumo Sacerdote Cassis, ¿qué deberíamos hacer?- le preguntaron los clérigos al Sumo Sacerdote, quien se veía indeciso frente a Lecán.

–Lecán, esto significa… ¿qué Eda es capaz de hacer lo mismo, verdad?

–Quería que el gordo pusiese su interés en mí una vez le mostrase lo que puedo hacer, pero aun sigue concentrado en ella…

–No, el suyo es más débil e inestable, pero es cualitativamente similar.

–Muy bien, siendo ese el caso, denominamos la 「Recuperación」 de la Jittol Eda como una bendición de la Gran Diosa Ceres, y propongo personalmente su admisión como aprendiz clerical.

–Apruebo la moción del Sumo Sacerdote Cassis. Este día, nace una nueva hermana entre nosotros.

–Si ese es el caso, un arte tan poderoso pertenecerá a nuestro templo; por supuesto que estoy de acuerdo.

–Eda será una inversión que nos dará beneficios ahora y más adelante. Concuerdo completamente y espero ver las cimas que alcanzará aquí.

Fue solo el sacerdote Pajill quien dio una conclusión ligeramente diferente.

–La Aventurera Eda no ha sido capaz de probar que su don viene por parte de Ceres. Aun con eso dicho, estoy dispuesto a aceptarla dentro de los aprendices del clero, si ella así lo quiere.

–Con una aprobación de 4:1, Eda, serás aceptada como aprendiz oficial del Templo de Ceres de Vouka.

–Nos negamos.

–No he pedido vuestra opinión, LECÁN. Deja a Eda y vete.

–Todo ese esfuerzo para quedar igual que como empezamos, eh…

Aunque le molestase, no consideraba que todo ese circo hubiese sido en vano. Habían ido al templo y respondido con sinceridad a sus preguntas, pero aun con eso, ignoraron la situación de ambos e intentaron llevársela a ella en contra de su voluntad. Lecán tuvo cuidado con como afronto la situación, pero no pudo evitar que el templo actuase como se le diese la gana.

Había puesto cuanto esfuerzo pudo para poder quedarse en Vouka. Seguramente, Eda lograría verlo, junto con las absurdas opiniones de los curas y del sofocante clima social dentro del templo. Como cereza del pastel, tal vez fue capaz de absorber un poco sobre el arte de cómo argumentar en un debate, pero Lecán supuso que él no sería el mejor maestro para enseñarle esas cosas.

–Bueno, es hora de irnos. Qué cansancio…

–Por esto mismo odio el mundo de los hombres. No veo la hora de meterme en una mazmorra de una buena vez.

–Andando, Eda.

–Un.-asintió ella, extendiendo su mano.

Por alguna razón, Lecán la tomó como si fuese una princesa.

–¿Adónde crees que vas, Lecán?

–Nos vamos de Vouka.

–¿Crees qué pueden irse? Ja, ja… Sí, vayan tranquilos. Espero que no les importen sus familias…

–Ni Eda ni yo tenemos familia.

–¿Amigos tampoco? Ellos no podrán vivir más en esta ciudad.

Esas amenazas probablemente dejarían aterrado a un ciudadano promedio. Como los campesinos ya tenían un cierto miedo a la gente de la iglesia en primer lugar, además de estar conscientes de lo feo que es ser el objetivo de una lincha efectuada por ellos, no tendrían más elección que rendirse frente a tales amenazas.

–Pero a mí la verdad que me vienen sin cuidado.

–Suficiente, Sacerdote Cassis. Esas no son palabras que debería decir un hombre de fe.

–Alguien calle al vejestorio, por favor…

El otro Sumo Sacerdote lo vio con enojo por un breve instante antes de salir por la puerta de atras.

–Sumo Sacerdote Cassis, no nos ha investigado correctamente. Hemos llegado a la ciudad hace muy poco tiempo. Nuestro único amigo hasta la fecha es Jericó.

–¿Jericó?

–Un Zanvald muy apuesto.

Mientras las palabras quedaron en el aire, Lecán abrió la puerta con su mano derecha y tuvo la de Eda con su izquierda.

Detrás de ellos, la voz de una persona que se rompió la garganta sonó con fuerza.

–¡SOLDADOS DE LA DIOSA, ARRESTEN A ESE CRETINO INSOLENTE!

Tres hombres del templo apuntaron sus lanzas hacia él, quien siguió adelante aun sosteniendo la mano de su pupila.

Los tres soldados se hicieron para atrás, las puntas de sus armas enfrentando al Lobo.

–¿Qué creen que hacen? ¡Captúrenlo, pero no toquen a la muchacha!

Al mismo tiempo que dejó ir de la mano de Eda, los hombres embistieron para atacarle. El Lobo ni siquiera tuvo la necesidad de sacar su espada de su 「Almacén」; basto con detener las puntas de cada lanza con sus manos desnudas y darle un buen golpe a cada uno.

Todos terminaron incrustados en la pared.

Tomaron otra puerta y llegaron a un estrecho pasillo donde, al final del mismo, un guardia protegía la salida.

–¿Eh, adónde van?

–A casa.

–¿Y su guía?

–Teníamos uno cuando vinimos, pero ya no hace falta. Permiso.

–Ah-

Parecía que aun tenía más que decir, pero no hizo ningún esfuerzo para detenerlo. Tampoco podría haberlo hecho, incluso si lo intentase.

Luego de pasar por muchos pasadizos sinuosos, lograron volver al campo abierto con el altar. Quizás habían rutas más cortas, pero esa fue la más fácil de tomar para los dos dado que ya la conocían. 「Vista Tridimensional」 no le indicaba sí una puerta estaba abierta o cerrada, ni tampoco podía darle una vista desde arriba de todo el edificio. Su magia no podía crear o mostrarle una ruta optima por su cuenta.

Por un tiempo, cuando aun estaba en su mundo original, Lecán viajó junto a un hombre que jamás había dudado qué camino tomar cuando se metían en las profundidades de un calabozo. Siempre pensó que ese Gajenii debía de haber contado con la habilidad de predecir terrenos o atajos.

–Un momento, ¿no había una magia de 「Hacer Grafo」 según Shiira bajo la escuela de Percepción? Me pregunto cómo será…

Al abrir la puerta, salieron directamente al lado del altar. Seguían habiendo varios devotos cerca, pero solo tres de ellos aun continuaban con sus rezos. Los demás lo miraban a él, muy asustados.

Lecán caminó por la derecha hacia la salida con Eda detrás suyo. Los seguidores de Ceres se hicieron a un lado para dejarlo pasar. Solo un hombre tuvo el coraje de acercarse y hablarle en un susurro.

–Lecán-san, el Sacerdote Cassis ha salido del templo con varios soldados y caballeros del templo siguiéndole. Dijeron que te emboscarían cuando salieses. ¿Qué carajos hiciste?

Lecán reconocía a la persona que vino a hablarle.

–El hombre que tenía a Parade, el Zanvald gigante. ¿Cómo se llamaba?

–Se querían llevar a Eda y yo les dije que no.

–Eh…

Lecán dejó atrás al hombre estupefacto y fue directo a la puerta de entrada. Gracias a su visión única, pudo lograr ver a Eda, quien le hizo una reverencia al domador de monstruos mientras salían.

Las puertas estaban tal como cuando habían venido antes; abiertas de par en par.

Diez soldados los esperaban al pie con lanzas erguidas en su dirección. Tras ellos, dos hombres con armaduras imponentes parecían dirigirlos. Evidentmente, estas presencias parecían ser mucho más fuertes.

Por ultimo, dos sacerdotes estaban parados al lado de ellos. Ambos eran Portadores de una cantidad bastante grande de maná.

El Sacerdote Cassis también hizo acto de presencia. Llevaba un collar que no había visto antes, el cual Lecán supuso que contaba con alguna Gracia, junto a un bastón. En ese momento, exhibía mucho más energía mágica que cuando habían discutido antes.

Estoico y desinteresado, El Lobo comenzó a bajar escalón por escalón. Cassis, en cambio, lanzó un hechizo desde su bastón, cuyo canto preliminar seguramente ya había sido hecho con antelación.

–¡「Petrificar」!

Lecán sintió como todo su cuerpo se entumecía, y su pierna se detuvo cuando estaba por dar un paso hacia abajo con Eda muy cerca detrás. Dicho efecto duró poco más que unos instantes.

Luego de ese hechizo, vino la incantación de otro más, la cual Lecán cortésmente dejó que Cassis terminase de hacer.

–¡「Sueño」!

Su consciencia quedó envuelta en una niebla blanca. Dicho efecto duró poco más que unos instantes, sin duda gracias al anillo que él siempre llevaba consigo.

Este hechizo, 「Sueño」, fue el mismo que había usado Marakis en ese entonces. Sí no recordaba mal, el nivel iniciado de este hechizo requería que el mago tocase a su objetivo para que surtiese efecto. Eso significaba que ese hombre, Cassis, debía de ser un mago de rango medio o superior para siquiera poder usarlo de esa manera.

–Sin embargo…Marakis es el que mejor lo usaba de los dos. Con ese sí perdí la consciencia, aunque haya sido solo unos momentos. La magia de Cassis es más débil, pero tiene mucho más maná detrás; tanto que me sorprende.

–Entonces, el nivel de maná va por otro lado que el grado de proficiencia con un hechizo… entonces, los que tengan poco maná no tienen por que ser malos hechiceros. Tengo que tener eso en cuenta para más adelante.

–Un momento… Marakis no hizo cantos preliminares cuando invocó su magia. Es más, lanzó el hechizo en medio de una conversación cualquiera. Eso no es algo que tiene que ver con el talento; eso se entrena. Voy a tener que tener MUCHO más cuidado de ahora en adelante. Nada de confiarse por cuánto o qué tan poco maná alguien tenga.

–¡「Confusión」 (Yutoré)!

Lecán, de repente, no pudo distinguir más su izquierda de su derecha o arriba de abajo, atrás de adelante o el cielo de la tierra. Dicho efecto duró poco más que unos instantes.

–Seguramente es otro tipo de magia mental de rango medio, como “Petrificación”. Fue otro hechizo hecho con mucha energía.

–Tenés mucha magia mental bajo la galera, Sacerdote Cassis, ¿no te parece?

–Me pregunto si estará bien que un clérigo tenga esas cosas…no, quizás las tiene exactamente porque es un clérigo.

–No puede ser… ¿p-por qué no funciona? ¡ESTO NO PUEDE ESTAR PASÁNDOME!

Lecán dio un paso hacia adelante.

Los diez soldados del templo apuntaron sus lanzas hacia él.

Repentinamente, le entraron ganas de jugarles una pequeña broma.

Había algo que quería probar. No pasaba nada en caso de que fallaba, pero sería fantástico si resultase efectivo.

Con 「Vista Tridimensional」, confirmo las posiciones de sus oponentes. Todos estaban, en mayor parte, quietos.

–Bueno, empecemos…

–「Flecha de Fuego」.

Varias saetas surgieron desde su pecho mientras terminaba la invocación que destruyeron cada una de las diez puntas de lanza. Ocho de ellas desaparecieron y dos aterrizaron cerca de los soldados.

–O-oh…

–¡AH!

Todos ellos se echaron para atrás por la sorpresa.

–¿Q-qué fue eso? ¡¿QUÉ DEMONIOS FUE ESO?!-dijo Cassis, quien había empezado a entrar en pánico. Los dos caballeros, a su vez, desenvainaron sus espadas.

–Cuentan con buenas armas… y un buen espíritu de combate.

Presintiendo una pelea entretenida, Lecán esbozó una sonrisa por reflejo. Levantó el collar de su sobretodo y metió su mano dentro para sacar al 「Filo de Rusk」 de su 「Almacén」.

Entonces, dejo que su sed de sangre corriese desenfrenada a través de los enemigos frente suyo.

Los diez soldados rasos quedaron paralizados. Se sentían como sí se estuviesen enfrentados cara a cara contra la 「Presión」 de una gigantesca bestia mágica.

Los dos caballeros se quedaron quietos sin darse cuenta.

Uno de los sacerdotes detuvo su invocación y el otro soltó su bastón. Cassis temblaba, sus ojos abiertos como platos.

El Lobo dio otro paso hacia adelante, su espada colgando de su mano.

A pesar de que los dos caballeros eran sin duda oponentes fuertes, su instinto le gritaba que derrotase primero a los dos clérigos.

–Un momento…no puedo matar curas.

–Bueno, qué más da. Viviré con las consecuencias.

–Primero, patearé a los soldados hacia los caballeros. Segundo, voy adonde están los curas y les rompo la mandíbula a ambos. Tercero, un golpe en el abdomen a Cassis y, por último, les cortare los brazos a estos dos. Ya pensare que hacer con el gordo una vez termine con sus lacayos.

Para cuando ya había decidido su plan de ataque, él y todos los presentes pudieron escuchar la voz tranquila de una mujer.

–Oigan, ¿qué andan haciendo todos por aquí?

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