Ookami wa Nemuranai: 14.5

Autor: 支援BIS (ShienBIS)

Traducción en Inglés: Sousetsuka. (https://www.sousetsuka.com/p/blog-page.html)

Traducción en Español: Torno Traduce.

El centro médico de Norma empezó a operar otra vez.

La doctora examinaba a sus pacientes sin siquiera verter maná desde su varita, explicándoles los problemas qué tenían esos pacientes y cómo tratarlos. También se tomaba el tiempo de especificar que plantas y en cuantas dosis hacían falta tomarlas para tratarlos.

Sus dos estudiantes, en respuesta, colocaban las dosis en platos para mostrárselos a ella cada vez que empezaban una medicina nueva.

–Hm, me parece bien.

Al confirmarlas, Norma las procesaba con un montón de procesos distintos; a veces las envolvía en una hoja Shinanja sin procesar, otras las mezclaba en agua y otras las hervía todas juntas. La mayoría fueron hechas con el primer método.

Jinga era el encargado de gestionar cuantas personas entraban y salían del lugar. Por ende, era un tipo de guardaespaldas improvisado que guiaba a la gente al consultorio y posteriormente les informaba el costo del tratamiento.

Una vez acabado el diagnóstico, Norma les instruía en mezclar hierbas, pedía al paciente que fuese a la sala de espera y pasaba al siguiente.

Examinaba a sus pacientes con muchísima habilidad, terminando con todos antes de que anocheciese e incluso tomando un breve descanso para almorzar. Casi todos eran personas enfermas; habían muy pocos que estuviesen verdaderamente heridos. De ellos, todos sufrían de heridas viejas, algunos con carne podrida y otros que no podían mover partes del cuerpo.

Algunos intentaron pedir que usasen 「Recuperación」, pero se rindieron el momento en el que escucharon el costo.

Un leñador con el brazo torcido en un ángulo extraño fue la única persona que pidió el costo. Según él, se había herido en un accidente y actualmente le habían recortado el salario, pues no podía levantar cosas o hacer trabajos de precisión.

Norma explicó los síntomas y las causas en voz alta. Seguramente deseaba terminar con el tratamiento con un solo uso de la magia, cosa que Lecán entendió dado que, con un uso pausado y medido de su hechizo, restauró la articulación del leñador de tal manera que pudo nuevamente mover sus dedos.

El hombre se fue haciendo muchas reverencias, y varias personas que estaban en la fila se vieron las billeteras cuando fueron testigos con sus propios ojos de los efectos del tratamiento.

Los dos estudiantes prometieron volver al día siguiente y se fueron del centro, caminando rumbo a la casa de Shiira.

–¿Hicieron algo en casa de un noble, verdad?-dijo la anciana apenas los vio.

Habían más o menos tres mil pasos desde la casa hasta la mansión Goncourt. Shiira seguramente debió haber sentido sus 「Lanzas de Fuego」.

–Esta vieja supuso que las fluctuaciones de maná de un hechizo a tres mil pasos era obra mía… increíble.

Fue Lecán quien le explico la situación, con Eda boquiabierta cuando recontó su duelo contra el viejo caballero.

–P-pero Jinga-san se veía i-igual que siempre, ¿no? Incluso te sirvió el té como hace todos los días…

–Mhm.-esa fue su única respuesta, pues no tenía ganas de entrar en detalles. Fue Shiira quien sirvió de reemplazo en ese aspecto.

–Eda-chan, ese fue un gesto de buena voluntad por parte de Jinga.

–¿Eh?

–「Voy a tratarte igual que siempre, así que tú también has lo mismo」; eso fue lo que él le quiso comunicar. No a volver a la casa del marqués, sino que va a trabajar como guardián de Norma.

–Ah, era eso~. Su comportamiento traía un mensaje oculto…

–Y TÚ, Lecán...

–¿Hm?

–No cortes las explicaciones solo porque te da pereza. Es tu deber darle una explicación como la gente a Eda-chan. ¿No dijiste qué ibas a ser su tutor por esta mitad del año?

–Sí, lo hice. Perdón.

–Ay de mí…

Pasado el recuento, los practicaron magia bajo la tutela de Shiira. Él practicó 「Relampago」, por fin llegando a invocar una pequeña chispa azul mientras que Eda estuvo aprendiendo 「Sueño」. A pesar de que no parecía surtir efecto, Shiira les dijo que habían signos de que estaba funcionando.

–Me alegro mucho, Eda-chan. Una vez aprendas aunque sea un hechizo de magia mental, vas a desarrollar resistencia. Me estaba entrando la preocupación porque hay bestias en el Calabozo Ninae que pueden invocarla…

–E-ehm… ¿Shiira-san?

–¿Sí?

–Lecán no tiene la aptitud para aprender magia mental, ¿verdad?

–Nop.

–¿Entonces no va a poder entrar?

–Oh, no te preocupes. Él ya tiene medidas preventivas para eso.

–¿Es verdad eso, Lecán?

–Sí.

Esa fue su respuesta… o hubiera sido, de no ser por el reto de Shiira que lo incentivó a dar una explicación más completa.

–Este anillo de plata anula los estados alterados. No es que no funcione en mí, pero cosas como el sueño, parálisis o control mental provocados por esa magia desaparecen tan pronto como se manifiestan.

El punto bueno de su anillo era que su efecto siempre estaba activo.

Cualquier equipamiento que nulificase la magia mental no podía hacer nada contra hechizos que excediesen la capacidad del objeto. Incluso si ese no era el caso, siempre había una mínima chance de que sobrepasase la resistencia y lo hechizaran de todos modos.

Con ese objeto, sin embargo, se podía deshacer de cualquier hechizo que le hubiesen puesto encima luego de que fuese invocado. Incluso si no lo hacía instantáneamente, solo debía esperar un poco. Siempre y cuando lo llevase puesto, no sería presa de un aluvión de hechizos mentales.

–Ah, ahora que lo pienso, la magia del sacerdote no funcionó en el templo cuando fuimos para allá. El sacerdote-san se quejó mucho de eso, de hecho…

–Un momento. ¿No fue Shiira quien me dijo que llevase el anillo antes de ir?

–¿Cuándo yo le dije que tenía esto?

No podía recordar, pero era indudable que ella le había advertido de llevarlo puesto por los beneficios que este le daba.

Quizás uso 「Evaluar」 en secreto, pero ¿no se supone que esa magia no funcionaba en objetos que venían desde su mundo original?

–O tal vez… 「Análisis」.

Sea cual fuese el caso, le ponía incómodo estar completamente al descubierto siempre que estuviese cerca de ella. No era que no confiase en ella; todo lo contrario. Pero para Lecán, tener sus cartas cerca del pecho era algo instintivo.

–Tengo que esforzarme para ganarle alguna a Shiira un día de estos.

En eso pensaba el Lobo mientras veía a Shiira acariciar a Jericó con una sonrisa. 

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