Ookami wa Nemuranai: Episodio 2.10

Autor: 支援BIS (ShienBIS)

Traducción en Inglés: Sousetsuka. (https://www.sousetsuka.com/p/blog-page.html)

Traducción en Español: Torno Traduce.

2.10:

No hubieron problemas durante la noche del segundo día.

Al amanecer del tercer día, la puerta del carruaje se abrió y Chaney salió del mismo.

–Lecán-san, es gracias a usted que hemos logrado llegar tan lejos. Tenía que llegar para mañana si o si, y parece ser que estaremos en Vouka para el atardecer. Jamás olvidaré lo que ha hecho por mí; me ha salvado la vida.

–Todavía no llegamos; no se precipite.

–Razón no le falta. Guardaré mis alabanzas para el final de nuestro viaje.

–También te doy la’ gracias, Lecán. So’ un aventurero de verdad, de pies a cabeza.- dijo Eda quien, por alguna razón, vitoreaba detrás de él.

 

Por un rato, el carro siguió su camino por el empinado pasaje de montaña.

 

Súbitamente, y sin ningún aviso, Lecán se detuvo.

–Eh…¿sucede algo, Lecán-san?

–Hay cuatro hombres más adelante, a unos ochocientos pasos de distancia. De ellos, dos parecen estar ocultos a los lados del camino.

–¿Cómo sabe usted que…? No, sería descortés de mí cuestionarle. ¿Qué cree que deberíamos hacer, entonces?

–Seguiremos unos quinientos pasos antes de detenernos. Me encargaré de confirmar sus movimientos, así que quédense quietos hasta que yo les diga. Si ven que las cosas se ponen peligrosas, retirense.

–Muy bien. Sigue sus ordenes, Eifun-san.

–...Ho ho. Yale. Pero, Lecán-san, qué habilidad de detección más fuerte tiene usted.

–¿Son bandidos? ¡Esta vez no me van a agarrar desprevenida!

–Eda, te quedan tres flechas.

–Uu. Te dejo una, Lecán.

–¿No podés usar magia o algo así?

–¡Qué magia ni qué magia! ¡No me tomes el pelo!

–¿Eh? Bueno, quedate con el carro y estate atenta a nuestra retaguardia.

–E-entendido.

Incluso habiendo avanzado la distancia acordada, el grupo de adelante no se movió en absoluto. Una vez el coche se detuvo, Lecán avanzó por su cuenta.

–Ya están en rango de 「Vista Tridimensional」: dos llevan arcos, y los otros dos tienen espadas. Hacen un buen esfuerzo en borrar su presencia; usar los arbustos y árboles para esconderse fue inteligente de su parte.

–Si pudiese ponerle clasificación a su emboscada, sería de rango avanzado.

El aventurero se detuvo a unos pasos del grupo, pero incluso en ese momento no parecían querer saltar de sus escondites a atacarle.

–Osea, que no van a matar a cualquier viajero que pase, eh…

–Si se escondieron después de ver el carro de Chaney, lo hicieron demasiado rápido. Deben haber sabido que el carruaje iba a venir por acá; lo están esperando a él.

–Tampoco parecen ser bandidos. No llevan las pintas de un ladrón de poca monta, cuánto menos.

Para él, era muy fácil recurrir a su experiencia en situaciones como esta. Estos hombres tenían experiencia.

–Fueron entrenados como los soldados.

Con esa conclusión final, relajo su mente.

–Ahora que averigué todo lo que necesitaba saber, puedo matarlos sin problema.

Tan ágil como siempre, saltó dentro del arbusto a su derecha y cortó el brazo de un hombre que tenía su espada desenfundada.

Luego de esto, brincó cinco pasos adelante para hacer un tajo en el pie de un arquero trepado a un árbol. Detrás suyo, sonidos de caídas y lloros inundaron sus oídos mientras el se acercó a otro tronco, pegó un salto prodigioso y decapitó al segundo guerrero con arco.

Haciendo uso del envión, voló por el cielo y miró desde arriba a su último oponente, quien le apuntó con algo que tenía en su mano.

Sin perder ni un instante, Lecán uso 「Detección de Maná」.

–...¡Tiene maná! ¡Es un objeto mágico!

–”¡Viento!”-gritó Lecán con firmeza. Un repentino vendaval desvió el brazo del guerrero de donde había apuntado, y…

–¡FWOOSH!- una bola de fuego surcó el cielo y pasó cerca de su flanco izquierdo.

Cuando aterrizó cerca del mercenario, le tomó más esfuerzo saltar luego de decapitarlo para evitar ensuciarse que el ataque en sí. Sin siquiera darse la vuelta, también pudo notar un gran árbol cayendo detrás de él gracias a su 「Vista Tridimensional」.

Lecán aprovechó para tomar el objeto del cadáver del hombre, pero no pudo reconocer la forma que tenía antes de guardarlo en el 「Almacén」 y verificar la zona donde cayó la bola de fuego.

En la zona de impacto, a un grueso árbol le faltaban tres cuartos de su centro.

–Qué poder…me hace acordar al 「Fuego Blanco」. Una sola de esas, y estaría muerto; con o sin mi sobretodo.

–Unas cuantas hojas están quemándose, pero gracias al rocío de la mañana, no parece que vaya a generar un incendio.

Antes de que él siquiera les dijese, el carruaje se acercó adonde estaba.

–L-Lecán-san, ¿qué mierda pasó? Vimo’ una bola de fuego, y…

–Había un mago entre ellos. Chaney.

–¿Yale?

–Uno de estos sigue vivo. Si te interesa, puedo atarlo y detener el sangrado para que lo tengas como testigo.

–Hmm…

–No no’ conviene, Chaney-san. Estamo’ con prisa; me encantaría obligarlo a que no’ diga donde e’ta el e’condite de su’ compañero’ bandido’, pero tenemo’ prioridade’.

–Tienes razón. Seguiremos.

–Los cuatro hombres tienen medallas en sus cuellos. Son de cobre.

–¿¡Qué!? Recojámosla’; hay que avisarle a la Asociación. Quién hubiera pensado que habría criminales entre los aventureros…-sugirió Eda.

–Ehm, Eda-san…probablemente la consiguieron de otros aventureros.

–¿Cómo?

–Osea, que pudieron haberlas robado; no hay manera de saber si una medalla es de la persona que la lleva. ¿Para qué mierda sirven?

–¿Terminamo’ acá, no? Vamo’ partiendo, entonce’.- gritó Eifun. Más temprano que tarde, el carro llegó a otra planicie, desde la cual se podía ver un pueblo a la distancia.

–Por fin llegamos a Vouka…oiga, Eifun-san, ¿adonde nos lleva?

–Me entró sed al ver la ciuda’. Preferiría lavarme la’ mano’ y  tomar un poco en el río que esta po’ allá.

–Ah, ya veo. No creo que haya mucho problema en aprolijarnos un poco antes de llegar al pueblo.

Lecán siguió al coche hasta la orilla del río, y Eifun no tardó en bajarse de su asiento.

–Bueno, tome’ sin miedo.

–¡Uh, yo, yo! Tengo una sed...

–Jo, jo, jo. ¿No va a bajar, Chaney-san?-dijo el conductor mientras incitaba a los otros dos hacia el río.

–Hm…no, hagan sus cosas sin problema. Preferiría no soltar esta bolsa, en la medida de lo posible.

 

–Ah, entonce’ no se preocupe. ¡「Sperl (Sueño)」!

Lecán y Eda tocaron el piso en segundos.

–¿Q-qué hiciste?

–Lo’ puse a dormir.

–Con que eres un mago, Eifun-san.

–¿No tenía’ ni idea, verdad? Fue difícil ocultártelo.- comentó Eifun, desenfundando un objeto similar al que había usado el guerrero que atacó a Lecán antes.

Chaney parecía saber qué era, pues su cara se volvió pálida  y su cuerpo quedó en shock.

–¿D-dónde conseguiste eso?

–Po’ ahí.

–¿Por qué hacerte pasar como un cochero? Habrías hecho mucho más dinero conmigo como un mago.

–No te preocupes; me pagan buena plata por esto.

–¿Y de parte de quién viene tanta plata?

–De mi’ empleadore’, obvio.

–¿Te contrataron para matarme?

–Nada que ve’, Chaney-san. Solo me pidieron que no deje que esa bolsa marrón llegue al pueblo.

–Cinco años pasaste engañándome, sinvergüenza…

–¿Ya pasó tanto tiempo? Ni me di cuenta; fui criado en Kogurus, ¿vi’te? A mi eda’, todo parece que fue hace mucho.

–Si sos de Boyd, y venís de donde Zaikaz…

La cara de Chaney parecía que se le estaba por caer.

–Eifun-san…

–Mi nombre no es Eifun, sino Marakis.

–¿M-Marakis el Sangriento? Ese hombre ya está muerto.

–Jo, jo, jo…maldita sea. Incluso de’pué’ de todo el problema que me tome drogando a lo’ espadachine’ y contratando a la nena y al hombre lobo.

–La nena fue tan inútil como imagine, pero el hombre lobo…¿cómo puede haber una persona con una cara tan nefasta, pero con un corazón tan gentil? Protegió a su cliente y no intentó robarse nada.

–E’ má’, lidio sin problema con aquello’ cuatro profesionale’ que contrate. Quise intentar hacerlo de manera indirecta para evitar cagarla frente a una 「Campana de la Verdad」, pero ya ni modo. La vida rara ve’ te cumple un capricho.

–Esos cuatro…¿eran tus subordinados?

–No “subordinado’”, per se, pero si le’ di ordene’.

–Cuando me contrataron para reparar el baluarte de la mansión del Lord, alguien me robó los documentos y la cuota…ahora todo encaja.

–Jo, jo. Afilado como siempre, Chaney-san. Llévate esta y todas las demás memorias como regalo hacia la tumba.

–Solo una última cosa; ¿el hombre que te contrató se llama Zack Zaikaz?

–Sipi.

–Eso sería todo, entonces. Lecán-san.

Antes de que Chaney siquiera terminase de decir “todo”, el brazo con el cual Marakis sostenía el arma salió volando. Él se dio la vuelta, sosteniendo su muñón, absolutamente incrédulo.

–P-pero si te di de lleno con「Sueño」...

Lecán no tenía intención de contarle que su efecto fue nulificado apenas lo utilizó; presumir de tus secretos no solo era feo, sino muy peligroso, como acababa de ver hace unos instantes.

–Llévate la duda a la otra vida.- pensó mientras clavaba su espada profundamente en el cuello de Marakis el Sangriento.

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