Ookami wa Nemuranai: Episodio 2.8 / 2.9
Autor: 支援BIS (ShienBIS)
Traducción en Inglés: Sousetsuka. (https://www.sousetsuka.com/p/blog-page.html)
Traducción en Español: Torno Traduce.
2.8:
El fuego empezó a morir, por lo que Lecán le tiró un poco de leña para mantenerlo un rato más.
Eda actualmente se encontraba durmiendo colgada de un árbol. De hecho, justo acababa de arreglar su postura.
Su mente, sin embargo, se ocupó con otros problemas aparte de la muchacha.
A pesar de que los monstruos evitaban el radio de influencia del Repelente, muchos de ellos empezaron a juntarse alrededor del perímetro del mismo. Esto era una ocurrencia común en su anterior mundo también; si el Repelente era demasiado fuerte, uno podía terminar atrayendo bestias en vez de ahuyentarlas.
Durante la mañana del segundo día, tanto Chaney como Eifun se despertaron y recibieron las malas noticias por parte de Lecán, junto con la idea de porqué algo así podría haber pasado.
–¿Cuántas bestias hay, exactamente?
–Unas doscientas, más o menos.
–Eeeeeeh…
–’tas diciendo la verdad, ¿Lecán-san? De se’ así, no podemo’ apagar el Repelente…
–Estás en lo correcto, Eifun-san. Me costará muchas gemas, pero tendremos que seguir con el Repelente prendido.- dijo Chaney mientras una risa amarga escapó sus labios.
–Antes me habían advertido de lo que podía pasar si dejaba prendido el Repelente por demasiado tiempo, pero puse una gema grande como combustible en la confusión del momento; que desastre…
–¿Entonces, qué harán?
–¿A que se refiere, Lecán-san?
–Si no apagamos el repelente, esos monstruos nos van a seguir. Si llegamos al pueblo, ellas…
–...Oh…
–La gente del pueblo no va a tene’ piedad con la gente que le’ traiga’ bestia’.- afirmó el anciano.
–Pero entonces…¿qué podemos hacer?
–Tengo un plan. Sigamos con el repelente activado; lo cortaremos cuando estemos cerca de una planicie.
–Entendido. Partamos.
–Che, nena, levántate.~ Te vamo’ a dejar acá si no te despertas.
–U-u~n. Buenos días.~ ¿Y el desayuno?
–Debemos comer y andar a la vez. Nos vamos.- afirmó el mercader con preocupación en su tono.
Lecán se mantuvo delante del carruaje mientras comía un desayuno cutre compuesto por carne preservada, agua y porotos secos.
Eventualmente, llegaron a una llanura donde todos pudieron ver al cúmulo de bestias que estaban siguiéndolos a unos quinientos pasos de ellos.
–Ni por asomo llegan a ser doscientas, ¿no?
–Parece ser que hubieron varias que no quisieron salir de las montañas.
–Aun así, sin duda son un montón. ¿Cien, más o menos?
–¡N-no puede ser! Incluso con diez aventureros, seria un suicidio pelear contra todas esas. ¿Vouka no tenía guarnición? Tenemos que ir a pedir su ayuda.
–De esa manera, los pueblos cercanos van a sufrir, Eda-san. Además, no tenemos suficientes gemas para mantener prendido el repelente durante todo el viaje. ¿Qué propone, Lecán-san?
Habían varias bestias cuyos nombres él desconocía. pero ninguna tenía una cantidad de energía mágica demasiado alta. Animales parecidos a lobos, jabalíes, monos, osos; cada uno era del rango más bajo de bestia mágica.
En un bosque, sus números harían peligroso el meterse con ellas, sin agregar el hecho de que tenía gente a la que proteger.
Pero ahí, en un lugar sin obstrucciones, podía permitirse dejar al cliente solo por unos momentos; esas criaturas no se iban a ir a ningún lado.
–Fumu…deje el repelente prendido. Iré para allá.- afirmó y, en un abrir y cerrar de ojos, llegó al perímetro del objeto mágico, donde una horda de criaturas parecidas a jabalíes lo esperaban. Lecán sacó su espada y, sin mucho preámbulo, cortó todo a su paso.
El aventurero no subestimó a sus oponentes sin importar lo minúsculo que fuese su maná; desconocía si tenían alguna habilidad escondida bajo la manga.
–En un combate así, el que pega el primer golpe gana. Hay que exterminarlos antes de que siquiera se les ocurra atacarme.
Poco tiempo después, Lecán volvió al centro no sin antes mirar la pila de cadáveres que dejó detrás suyo.
–Ya debería apagar el Repelente. Andando.
–Casi ni te mancha’te de sangre. Que locura…
–Nunca vi esgrima tan terrorífica en mi vida.
–Lecán…no, Lecán-san. ¿Ere’ un mercenario con epíteto famoso o algo así?- los ojos de Eda se quedaron puestos sobre Lecán cuando pasó cerca de ella para posicionarse en donde estaba originalmente. En ese instante, ella notó un anillo de color plateado brillante sobre uno de sus dedos.
–¿Siempre tuviste ese anillito con vos?
Cuando entraron al bosque por primera vez, sacó la pequeña alhaja de su 「Almacén」 y se la puso.
Pero no estaba bajo ninguna obligación de darle ninguna explicación.
–Por supuesto.
2.9:
El grupo llegó a un pueblo al mediodía del segundo día, donde brevemente repusieron sus provisiones antes de salir de nuevo. Eda, quien caminaba con ojos nublados y un andar patético, dijo que era por tener hambre. A Lecán no le quedó más opción que compartir su carne seca, y fue Chaney quien eventualmente le dejo subir al carruaje.
Con el sol a punto de ponerse, fue el aventurero quien detectó bestias mágicas en el empinado camino de montaña.
–¿Sucedió algo, Lecán-san?
–Monstruos; dieciocho de ellos. Detengan el carro que vienen de frente. Iré a buscarlas.
–Muy bien. ¡Detente, Eifun-san!
–¿H-hay enemigos? ¿Dónde?-
Por unos momentos, nadie dijo nada. Eda cargó una flecha en su arco mientras apuntaba al bosque con miedo en su mirada, aun montada al carruaje.
Algo se estaba moviendo en los árboles.
–Arriba nuestro.- habló Lecán.
–「Detección de Vida」 no me dice que tan elevado está un punto, así que hasta que no se acerquen…
Casi como si estuvieran respondiendo a su pregunta, un gran número de bestias descendieron sobre ellos.
–¡Uwaa, uwaa!- gritó Eda a la par que lanzaba flechas a diestra y siniestra, pero ninguna de ellas rozó a las criaturas.
Eifun observó a las bestias con mucho detenimiento, esquivando y bloqueando sus ataques en partes iguales.
Sus oponentes eran bestias mágicas con apariencia similar a un mono y caras de color rojo. Con respecto a su estatura parecían ser, más o menos, tan altos como un niño de diez años.
–Se ven agiles.-pensó el aventurero, descuartizándolas con calma.
Para alguien que no tuviese su visión cinética, tendrían problema en lidiar su movimiento errático y velocidad de ataque prodigiosa.
–...Pero no puedo evitar pensar que se mueven lento.
Chaney, su cliente, se había ocultado dentro del carruaje y con la puerta cerrada; no pensaba darles la chance a las bestias de atacarlo, y no parecían ser capaces de romper las defensas del coche de todos modos.
Entre todo el alboroto, sin embargo, la más peligrosa parecía ser Eda, quien lanzó dos flechas en dirección de Lecán. Irritado, él cortó la segunda en medio del aire, y dio fin al combate asesinando a un mono que estaba por morder a Eifun.
–Auch, auch, mierda…- detrás suyo, la joven refunfuñaba, probablemente debido a cortes o heridas impartidas por los monos.
–No puedo hacer de niñera siempre…
–¿S-se acabó? Ah, el vagón está cubierto de…no importa. Eifun-san, ¡arranque de nuevo!
–¡Momento, Chaney-san! ¡Debo recuperar mis flechas!
–Eso resuelve otro misterio más; ya me estaba preguntando donde guardaba las flechas de reserva. Va y resulta que no tenía reservas en primer lugar…
–Avance, Eifun-san.
–Jo, jo, jo.- Eda solo pudo recoger unas cuantas flechas en la escena mientras seguía al carro que rápidamente se alejaba.
–De doce flechas, no pego ninguna, eh…
Al tercer día de viaje, acampando en la montaña, Eda levantó la voz repentinamente.
–¡Gemas mágicas!
–¿Que con las gemas?
–¡No recogimos las de esos 「Urudous」!
N/T: Urudous es lenguaje de ese mundo para “Mono Rojo.”
–Entonces esos eran 「Urudous」…
Según las malas lenguas, Lecán había escuchado que eran de las bestias más comunes dentro de los bosques y mazmorras. A pesar de que ya había matado varias de esas antes, nunca encontró la conexión entre su nombre y apariencia hasta ahora.
–Dejando eso de lado, ¿de qué demonios está hablando esta chica? Chaney literalmente dijo que “El tiempo es más valioso” antes.
–Y encima debía ser una fortuna, seguro…
Más allá de siquiera considerar si Eda merecía una parte de esos ingresos, las gemas de esas bestias no valían el esfuerzo que tomaba sacarlas. Si uno estaba desesperado por dinero, las gemas de unos ochenta de los monstruos con los que pelearon a la tarde valdrían mucho más. De todos modos, Chaney ya habló con el líder de la aldea donde se detuvieron al mediodía para que este recupere todas las gemas; la mitad se las quedaría él, y la otra mitad sería dada a la aldea. Así, no habría desperdicio ni tampoco se esparcirían enfermedades por los cadaveres en descomposicion.
–¿Por qué no mejo’ volvemos a por ellas, eh?- Sintiendo como la conversación iba en un lugar donde él no quería, Lecán cambio de tema.
–Eda, esa bufanda tuya destaca.
–Ah, es linda, ¿eh? Jeje.
–Sí, es muy llamativa, incluso en la oscuridad.
–Oh, ¿de veras? ¡Gracias!
–Por supuesto. Seguro que incluso a las bestias se les haría muy fácil notarla.
–...¿Qué?
–No conozco a ningún aventurero que lleve consigo una bufanda tan despampanante.
–...¡Uwawawawa! ¿¡Queeeeee!? ¡Haberme dicho antes! Entonces, por eso estaban viniendo a por mi…me hace doler en todo el cuerpo solo recordarlo. ¡Maldita sea! ¡Maldita sea!
–Al final, terminó haciendo ruido de todos modos…- los pensamientos de Lecán recordaron con añoranza a su otro mundo, y no pudo evitar sumirse en ellos.
–Había una aventurera que llevaba ropa igual de rara que esta chica… Rancy, 「La Sangrienta」. Tenía un pelo tan rojo que parecía prendido fuego y llevaba una armadura de cuero del mismo color.
–Sus manos llevaban rubíes; que mujer mas ostentosa…
–Atraía a sus oponentes con sus espadas y siempre terminaba bañándose en su sangre. Cómo era tan hermosa, también atraía a muchos pretendientes…y cada hombre que intentó acercarse a ella terminó con el corazón hecho trizas.
Repentinamente, y sin ningún aviso, empezó a extrañar su antiguo mundo, con sus historias, sus defectos y sus personas.
Miró al cielo y vio el firmamento, lleno de estrellas.
–...No hay luna.
En un breve momento de vulnerabilidad, no pudo evitar querer verla una vez más.
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