Ookami wa Nemuranai: Episodio 1.8 / 1.9

Autor: 支援BIS (ShienBIS)

Traducción en Inglés: Sousetsuka. (https://www.sousetsuka.com/p/blog-page.html)

Traducción en Español: Torno Traduce.

1.8:

Antes de que pudiese darse cuenta, ya había pasado un año desde que Lecán se quedó con los Zaidmahl. Durante este tiempo, logró aprender las nociones básicas de la lengua de este mundo, pero aun estaba muy lejos de poder hablarlo fluidamente. Por suerte, como este mundo tenía mucha gente analfabeta, no destacaba demasiado a pesar de su rústica pronunciación y su cutre escritura.

Actualmente vivía en una pequeña choza al borde del jardín de la propiedad. Su rutina tenía pocas horas de sueño; esa mañana se levantó muy temprano y aprovechó para hacer una incursión al bosque, cazando dos bestias mágicas pequeñas. Luego de eso, le enseño a Ezak un poco de esgrima, pues él y todos los caballeros habían estado preguntándole y pidiendo que les diese unos punteros, por lo que el patio afuera de su pequeña casa fue convertido en un campo de entrenamiento improvisado. Al terminar su mañana, desayuno y se dirigió a la habitación de la señorita que hace un año lo había invitado.

–Haleef (Saludos), Lecán.

–Haleef a usted también, Ruby.- Gria, una de sus sirvientas, lo miró con desdén al escuchar su saludo, pero no era algo que él hacía porque quisiese; fue la misma Rubiafanale quien le pidió que la llamase “Ruby”. Tenía expresamente prohibido llamarle “Schera” (Ama Rubianafale) o “La Toile” (Señorita), que eran las denominaciones que todos usaban menos el líder de la familia y su hermano, quien estaba lejos entrenando como escudero en la capital.

 

En esa casa, el único exento de dicha regla era él por petición de la misma joven, la cual no dio el brazo a torcer sin importar lo mucho que sus sirvientes habían intentado hacerle cambiar de parecer. Por ende, se quedó sin alternativa y fue forzado a soportar la mirada de la mucama cada vez que acudía al llamado de la señorita.

Aun con todo eso dicho, solo le pedía esto cuando estaban Gria o su otra mucama, Marinka. Si habían más personas aparte de ellas dos, se trataban con los nombres y reverencia comunes entre maestro y súbdito.

–Hay algo que debo preguntarle, La Geedo (Señor Lobo).-En respuesta, él golpeó su pecho con su brazo derecho, indicando que la estaba escuchando, un gesto que ella encontraba tanto exótico como interesante.

–Deseo ir al Risco. ¿Me haría el favor de escoltarme?

–Yale (Sí). Si Ezak da la orden, iré.

–No se preocupe por eso; mi padre ya me ha dicho que sí, por lo que ahora en breve se lo informaré al Señor Ezak. Por favor esté listo para entonces, Lecán. No vaya con uniforme…ah, por favor, hágame el favor y lleve ese hermoso sobretodo, ¿sí?

Asintió luego de golpearse el pecho una última vez.

–Una instrucción curiosa, pero como vamos a ir solo nosotros dos, supongo que no hay necesidad de llevar el uniforme de la casa.

 

En su cabaña, dejó la muda de ropa prestada por la casa y se puso la suya propia, cada objeto de la misma más costoso que el anterior. Su chaleco de tela negra, por ejemplo, era una pieza creada con seda de la 「Araña de Mil Rocas」, y ofrecía una defensa contra la magia de primera línea; como sus pantalones, ya descoloridos por los años de uso, también eran la creación de un maestro artesano.

Vestido, comenzó a practicar con su arma hasta que Ezak vino a buscarlo.

–Lecán, tienes trabajo. Hay que escoltar el carruaje de La Toile hasta el Risco. ¿Puedes salir ya?

–Yale, por supuesto.

Al terminar de hablar con su superior, Lecan completó su viejo conjunto con su confiable abrigo, el cual le inspiraba un fuerte sentimiento de seguridad cada vez que se lo ponía. Hecho a base del pelambre del Rey Oso, ofrecía la mejor defensa física y mágica que el dinero pudiese comprar. Como agregado, en la gema que estaba cosida sobre el collar, había un encantamiento de 「Restauración Automática」).

El viajero sabía porque Ezak frunció el ceño al verlo llevar esta ropa; sus pintas claramente no eran las de un escolta de una noble. Sin embargo, fue la propia Rubianafale quien le pidió llevar esta ropa; poco podía hacer sobre el tema.

1.9:

Lecán, perdido en sus pensamientos, caminó detrás del vagón rumbo al Risco.

-...Ahora sería un momento ideal para eso.- No estaba disgustado con la casa Zaidmahl. De hecho, le habían dado alojamiento incluso con su condición de forastero.

 

En la aldea, era una persona rodeada por dudas, prejuicios y que todos preferían evitar, si era posible. Gracias a los rumores que se habían esparcido por el pueblo, que lo pintaban como un ilustre espadachín contratado para proteger a la familia, cesaron las preguntas, pero eso no era sinónimo de que la gente lo aceptase.

Durante el transcurso del día, sin embargo, Lecán consideró su posición; estaba cómodo, sí, pero un aventurero con el alma inquieta como él no se contentaba solo con una choza detrás de un terreno. Quería aventuras en lugares que nadie hubiese visto, peleas contra enemigos que ninguno haya derrotado antes y ganar fama y fortuna que harían que un rey se ponga verde de envidia. Todas estas eran cosas que jamás encontraría atascado en un cobertizo cualquiera, atado a la correa de una persona que determinaba dónde iba y con quien.

–Esta vida es demasiado pacífica para mi. Además, seguro que Boudo pensaría igual, ¿verdad?- No era como si a él le preocupase particularmente el paradero de su compañero, pero sería mentira decir que no disfrutó viajar con él y del tiempo que pasaron juntos. Si hubiera permanecido a su lado, no tendría miedo de mirar a los ojos a cualquier bestia, sin importarle lo fuerte que sea.

 

–Además, cabe recordar que este mundo tiene eso tan importante…calabozos, ¿no? En los calabozos, hay bestias que sueltan gemas mágicas o incluso otras cosas, como objetos raros. Quiero-no, TENGO que ir a uno de esos.

 

–Pero bueno, no es como si las bestias que están en la intemperie fuesen malos oponentes, tampoco.

-Si llego a volver a mi mundo original, me va a hacer falta traer unos cuantos “recuerdos”.

Perdido en sus pensamientos, detectó a una fiera en su 「Detección de Vida」 y fue hacia delante, consiguiendo el OK de Ezak para alejarse del grupo así trataría de atraparla.

–Ahí estás.

Un Mono Araña, mejor conocido como “Nirou”.

–Está en el piso; no hay árbol que lo sostenga con ese peso. Supongo que por eso es que las seis extremidades que suelen usar para columpiarse cambiaron de función; ahora cuatro lo mueven por el suelo y los otros dos son brazos normales…bueno, de normal nada, porque solo le hace falta uno para sacarte la cabeza.

Lecán se percató de que el animal estaba intentando gritar, pues le arrojó una pequeña daga que se clavó en su garganta. Antes de que siquiera pudiera reaccionar, le rebanó la cabeza y siguió hacia abajo, cercenando su pecho de par en par.

Una vez detenida la sangre que goteaba del cadáver, Lecán removió la gema y la guardó en su 「Almacén」 luego de limpiarla con un trapo viejo.

Ya que experimentó un poco después de llegar, descubrió que no se puede sacar la gema mágica del cuerpo de una bestia todavía viva, dado que la mayoría se terminan de manifestar luego de que mueran. A pesar de que casi todas se forman cerca del corazón, hay ligeras diferencias dependiendo de qué tipo o espécimen de criatura se estuviese observando.

Algo que aligeraba la carga en su corazón era que, incluso en este mundo, la equivalencia entre gemas de maná poderosas y mucha plata seguía tan prevalente como en el suyo propio.

 

Esto se debía a varios factores, desde que los magos las usaban para canalizar hechizos (aunque desconocía si, en este lugar, era popular absorber mana dentro del cuerpo a través de ellas o si las usaban por su cuenta), hasta su uso ceremonial, el cual le era completamente desconocido.

Un tercer factor que hacía tan valiosas a las piedras que crecían dentro de los monstruos era que se usaban como combustible para diversos objetos mágicos.

–Cero idea que es un “Objeto Mágico”; creo que los usan para iluminar la casa, pero nunca vi uno. Si me lo llevo de vuelta, seguro que me hago unos buenos oros.

–...Ah, y también se hacen pociones con estas cosas, ¿no? Bueno, eso lo hacia allá, pero solo con las que son demasiado débiles para que tengan otras aplicaciones.

Según su investigación, la casa Zaidmahl no tenía a ningún artesano de esas dichosas creaciones, conocidos como 「Ingenieros Mágicos」. Sin embargo, sí tenían entre sus filas a un apotecario, que recibía aproximadamente la mitad de las gemas que él conseguía de sus cacerías por parte de Ezak, quien cumplía con el papel de intermediario. El apotecario tenía el permiso de usar los objetos mágicos de la casa y este excedente de materiales, pues a cambio daba una parte de sus ventas y de las pociones creadas con ellas.

En su hogar, existía una profesión conocida como 「Capacitador」, que dotaban de ciertos efectos a piedras preciosas con la energía arcana de las gemas en los cuerpos de monstruos. Dado que sospechaba que dicha profesión no existía en este mundo, Lecán consideró sensato el quedarse callado y no mostrar demasiado sobre su equipamiento, así nadie empezaría a hacer preguntas.

Volviendo con la tropa, tomó su lugar luego de hacer contacto visual con Ezak. Su trabajo sería, como siempre, lidiar con aquellas bestias en la periferia del carruaje tal que la joven dentro no vea ni escuche sus combates. Ya estaba acostumbrado, pues esto era una ocurrencia bastante común.

Durante el último año, tal fue su rutina, actuando como un escolta para la joven Ruby o para el líder de la casa donde fuese que vayan. Como no podían llevarlo a encuentros con otros nobles, su trabajo solo se limitaba a resguardarlos en viajes por bosques o aldeas.

Lecán nunca preguntó el por qué de esta acción, pero asumió que ellos debían tener sus razones. No era como si este acuerdo no lo beneficiase a él también, pues no tenía que lidiar con ningún indeseable.

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