Mirror Legacy Capítulo 17 - Maldito Karma (2)
Autor Original: Ji Yueren.
Traducción al Inglés: WuxiaWorld.
Traducción al Español: Miaodusi.
Al ver el rostro aún aniñado de Li Chejing pintado con una expresión tan cruel y feroz, Ye Changfu, que estaba entre la multitud, hizo una pausa.
Sosteniendo una antorcha y acariciándose la barbilla, reflexionó: –Este cuarto hijo tampoco parece ser alguien fácil de tratar. El venado noble que los guiaba ha muerto. Quedan tres lobos feroces: el mayor es astuto, y el menor es feroz. ¡En menos de diez años, esta aldea de Lijing se convertirá en un territorio dominado por los Li!
La multitud guardó silencio unos instantes, hasta que alguien respondió en voz baja:
–¡A Changhu lo mató un refugiado!
Li Xiangping, conteniendo las lágrimas, se arrodilló junto a Li Changhu. Volvió la cabeza hacia Tian Shoushui y preguntó con la voz entrecortada: –Tío Tian, ¿qué ha pasado?
–Seguramente son los remanentes de la familia Yuan, –dijo Li Mutian, escupiendo las palabras entre dientes.
Miró a Tian Shoushui, quien bajó la cabeza en un silencio avergonzado. Luego, dirigió la mirada hacia los aldeanos que los rodeaban y gritó: –¡Tongya!
Al oír su nombre, Li Tongya se secó las lágrimas, dio un paso al frente, juntó las manos en señal de cortesía y dijo en voz alta a los aldeanos: –Esta noche los hemos molestado a todos. Por favor, dispérsense; no es necesario que se queden aquí.
Dicho esto, se inclinó para ayudar a Liu Linfeng a ponerse de pie y le susurró al oído: –Tío, lleve a algunos hombres a controlar a esos refugiados, no sea que alguien aproveche el caos para causar problemas. Nosotros iremos enseguida.
–Sí, sí...
Liu Linfeng, que estaba arrodillado frente a Li Mutian, ya se sentía intimidado y como si tuviera espinas en la espalda. Al oír estas palabras, sintió como si le hubieran concedido un indulto. Asintió repetidamente y se marchó con sus hombres.
Tian Shoushui y Ren Ping'an cargaron el cuerpo de Li Changhu y lo llevaron al patio trasero de la casa de los Li. Desde el patio principal cayeron repentinamente sollozos: Ren Ping’er se había desmayado al enterarse de la noticia. Tian Yun y la Señora Liu contenían sus lágrimas, una la cuidaba mientras la otra iba corriendo a buscar al médico.
Tian Shoushui dejó el cuerpo de Li Changhu en el suelo. Con lágrimas en los ojos, dijo:–Hermano mayor...
iba a decir algo, pero Li Mutian hizo un gesto con la mano y dijo con voz cansada: –Ping'an, ve a ver a Ping’er. Shoushui, tú ve con Liu Linfeng a vigilar a los refugiados por ahora. Sin que mi familia marque firmemente su posición, los Li, temo que sus manos están atadas.
–Sí. –Tian Shoushui se quedó atónito un instante, se secó las lágrimas, asintió y se retiro. Ren Ping'an también asintió aturdido y fue a cuidar de Ren Ping'er.
En el patio trasero, sin extraños, solo quedaban los hermanos Li, llorando en voz baja.
Li Mutian ya no pudo contenerse más. Como un lobo solitario herido, se sentó junto a su hijo mayor y comenzó a lamentarse en voz baja.
–¡Changhu–!
Los hermanos también rompieron a llorar. Li Tongya y Li Xiangping lograron controlarse, pero Li Chejing, que era el más joven, lloraba como si le estuviesen arrancando el corazón.
——
En la profunda noche, la Aldea Lijing era un caos total. El viejo Xu, apoyado en su azadón para sostenerse, caminó solo hasta la montaña trasera. Siguió el sendero torcido, entre veredas sinuosas y la maleza espesa, apareció ante sus ojos una hilera continua de tumbas.
El viejo Xu se detuvo y observó con atención. Efectivamente, allí estaba aquel joven: vestido con harapos, una piel de animal atada a la cintura, sentado tranquila y despreocupadamente junto a una pequeña lápida en un rincón, con las piernas abiertas, murmurando algo para sí mismo.
El joven, con un leve espasmo en sus orejas, alzó la cabeza con agudeza. Al ver que el recién llegado no era más que un anciano campesino de aspecto bonachón, tan viejo que parecía no poder ni caminar, incluso aplaudió.
Ladeando su cabeza con una sonrisa, dijo: –¡¿De dónde viene este anciano?!
El viejo Xu lo ignoró. Caminó muy despacio a propósito, arrastrándose tembloroso hasta llegar frente a él. Fingiendo estar alerta, miró al joven con recelo, luego se arrodilló junto a la tumba, abrazó la lápida y comenzó a sollozar y quejarse en voz baja.
El joven aguzó el oído y alcanzó a oír, entre sollozos confusos, algo así como «la gran venganza se ha consumado», «descanse en paz, amo», y sintió una conmoción en el corazón.
Su familia había sido aniquilada cuando él era solo un niño y fue forzado a vivir como un vagabundo e indigente. Durante la primera mitad de su vida fue arrendatario para otros, y noche tras noche practicaba con esa daga con obsesión. Su único deseo era algún día rebanar con sus propias manos la cabeza de Li Mutian para ofrecerla en sacrificio a sus padres.
Ahora que su venganza se había cumplido parcialmente, sentía una alegría inmensa. Tenía miles de palabras que quería pronunciar, pero no había nadie a su alrededor con quien compartir su alegría y satisfacción. ¿Por qué no conversaba un poco con ese anciano y simplemente matarlo antes de irse? ¿No sería eso lo mejor de ambos mundo?
Con ese pensamiento, el joven sonrió y dijo: –Vienes a llorar sobre la tumba de los Yuan. ¿No te da miedo que los Li te traigan problemas?
–A este viejo ya le quedan pocos días...
El viejo Xu se secó las lágrimas mientras respondía. Bajó la mirada para observar al joven, y fingió un gran sobresalto, se postró en el suelo y exclamó: –¡Joven Amo!
–¿Eh?
El joven se sobresaltó. Pensó para sus adentros: –¿Acaso este viejo me ha visto en la entrada del pueblo? Será mejor que lo mate y huya, para ahorrarme problemas.
Pero el viejo Xu, cubrió su cara llena de lágrimas y volvió a hablar: –La señora principal solía llevar al joven amo a los campos a sentarse en ellos, por eso lo reconozco. Este viejo aún recuerda que usted tiene tres lunares negros en el pie; eso puede servir como prueba.
El viejo Xu, con sus más de setenta años, era más astuto que un zorro viejo. Dio completamente la vuelta a la causa y el efecto, y logró que el joven se sorprendiese de tal manera que su intención de matarlo desapareció.
Atontado, preguntó de repente: –Entonces, ¿recuerdas el rostro de mi madre?
–Claro que lo recuerdo.
El viejo Xu sacó una ramita del montón de paja y aflojó la tierra con el azadón para dibujar con cuidado.
El joven, emocionado, bajaba la cabeza de vez en cuando y miraba al viejo Xu con recelo. Pensamientos pasaban por su mente sin cesar: un momento creía que lo mejor sería matarlo y acabar con el asunto, al siguiente pensaba que debía llevárselo atado para preguntarle más sobre su madre.
Al cabo de un rato, el viejo Xu terminó de dibujar y se levantó. Aunque era campesino, durante muchos años había pintado para los aldeanos imágenes de dioses guardianes en puertas y símbolos de buena fortuna. Con los años, había adquirido cierta habilidad con el pincel, y con unos pocos trazos logró plasmar la esencia de la mujer retratada en vívida forma.
–¡Madre!
El joven se giró y cayó de rodillas para mirar. Al ver aquellos rasgos oníricos, rompió a llorar en voz baja. Veintidós años de amargura y represión le afloraron de golpe en el corazón, y las lágrimas brotaron como un manantial.
El viejo Xu, a su lado, suspiraba con nostalgia y no hacía más que hablar de las bondades de la señora principal. Por un momento, al joven se le hizo imposible contener el llanto.
–Este viejo aún recuerda el rostro del señor principal. Déjame dibujarlo.
Al oír las palabras del viejo Xu, el joven ya le creía en un ochenta por ciento. Se secó las lágrimas y asintió sin levantar la cabeza.
El viejo Xu levantó el azadón para aflojar la tierra y dibujar. Sus ojos brillaban con fiereza. El azadón se alzó bien alto y la hoja plateada brilló levemente bajo la luz de la luna. De repente, el azadón cayó con fuerza, dirigiéndose hacia el cuello del joven.
El joven, que había pasado todo el día vagando con los refugiados, había dado todo de sí para asesinar a Li Changhu y luego había logrado escapar de Tian Shoushui entre los carrizales. Ya estaba completamente agotado. Ahora, azotado por una inmensa alegría y una profunda pena, tenía las piernas débiles y sin fuerzas. Sin ánimo ni capacidad para esquivar, el golpe del viejo Xu le alcanzó de lleno.
El viejo Xu, acostumbrado a trabajar la tierra año tras año, todavía tenía un cuerpo robusto. El ataque cayó con un golpe seco, capaz de quebrar huesos y romper tendones. El joven cayó de bruces al suelo, torció la cabeza hacia un lado y puso los ojos en blanco, mientras sus extremidades convulsionaban sin control y la espuma brotaba de su boca.
Aprovechando que estaba en el suelo, el anciano le asestó otro golpe de azadón justo en la cabeza, y con él, extinguió su vida por completo.
El viejo Xu, todavía inquieto, le asestó una docena de golpes más al azar, hasta hacer saltar la carne y la sangre. Los sesos y la sangre fluyeron por el suelo. Al voltear el cadáver del joven, vio que ya no respiraba; en su rostro aún se veía reflejada una mirada de tristeza.
Solo entonces, por fin, agotado, el anciano se dejó caer en el suelo, se cubrió el rostro con sus manos resecas y estalló en un doloroso llanto: –¡Maldito karma! ¡Maldito karma…!
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