Mirror Legacy Capítulo 13 - Asesinato.
Autor Original: Ji Yueren.
Traducción al Inglés: WuxiaWorld.
Traducción al Español: Miaodusi.
Li Yecheng había perdido a su padre hacía un año. Todas las tierras y pertenencias de la familia pasaron a ser suyas por ser el hijo mayor, lo cual le causaba gran regocijo. Inmediatamente vendió una parcela a cambio de algo de dinero y se fue a comer y beber todo lo que quiso dentro de la pequeña tienda del pueblo.
Después de eso, pasó sus días sin hacer nada productivo, merodeando por el pueblo y la montaña. Se volvió cada vez más descarado en sus robos y provocaciones. En toda la aldea de Lijing, no le temía a nadie excepto a su tío mayor, Li Mutian.
El verdaderamente miserable era su hermano pequeño, Li Yesheng, que tenía la misma edad que Li Xiangping… mientras que Li Xiangping había estudiado con el maestro desde niño en la entrada del pueblo, Li Yesheng vivía solo, hambriento y helado.
Era apenas un adolescente que recién había perdido su padre. Cada día tenía que llevar los patos a pastar y, además, cuidar el ganado de otros. Si no fuera porque la familia de Li Mutian lo ayudaba frecuentemente, seguramente ya se habría muerto de hambre en su propia casa.
A Li Yecheng no le importaba su hermano en lo más mínimo. Cuando estaba desocupado, sentía un hormigueo en el corazón. Al ver a la familia de Li Changhu entrar y salir de su gran patio construido con ladrillos verdes, ardía de envidia.
–Todos llevamos el apellido Li. ¿Por qué tú eres legítimo y yo, el hijo de una concubina? ¿Por qué tú compras tierras fértiles y construyes mansiones elevadas? No eres más que un campesino rico en la aldea, ¿qué necesidad tienes de darte aires construyendo un gran patio? ¡Como si escondieses tesoros ahí dentro!
De repente, se levantó y, como si hubiera tenido una revelación, recordó aquellas noches de años atrás, las expresiones tensas de sus parientes y el cuchillo en la mano de Li Mutian.
–Li Mutian tiene un tesoro…
Li Yecheng mordía un pequeño retazo de hierba de cola de perro y miraba a Li Changhu, quien se reía mientras conversaba con los arrendatarios de los campos, lo cual le dejaba un profundo desagrado en el corazón del joven.
–Bah, solo tuvo la suerte de nacer en el vientre correcto.
Descansó un rato bajo la sombra de un árbol. Al ver que la noche había llegado, escupió la hierba, se arremangó los pantalones y, con sigilo, se deslizó hacia el gran complejo de la familia Li.
Dio toda la vuelta al perímetro del patio y no encontró ni la más mínima rendija sobre los muros. Se tiró sobre ellos varias veces, pero estaban construidos de forma lisa y firme; sería muy difícil saltarlos.
–Malditos.
Li Yecheng escupió sobre el muro y, con ímpetus renovados, echó a correr hacia la montaña trasera.
–No hay manera de que puedan poner un domo sobre todo el tejado…
El gran Monte Dali se extendía sinuoso a lo largo de kilómetros. La montaña trasera de la aldea de Lijing era solo uno de sus varios picos. Los aldeanos, demasiado vagos para ponerle un nombre, simplemente la llamaban la Montaña Trasera.
Si uno cruzaba dicha Montaña Trasera y se dirigía al sur, llegaba al Pico Meichi. Y si seguía más al sur hasta el pie de la montaña, se hallaba la aldea de Jingyang. La comunicación entre ambas aldeas se hacía a través de los senderos que serpenteaban la montaña.
Li Yecheng apartó unos matorrales con la mano y trepó el sendero durante media hora. Encontró un lugar en la montaña que tenía una vista despejada, se agachó y miró hacia el pequeño patio al pie de la montaña.
Se frotó los ojos y solo pudo distinguir unas cuantas figuras borrosas moviéndose, como si estuvieran sentadas con las piernas cruzadas. Alguien caminaba de un lado a otro cargando una roca azul, pero no sabía qué estaban haciendo.
–He oído que en ese patio han colocado cerrojos de piedra. ¿Acaso Li Mutian consiguió algún arte marcial o técnica de combate fuera de la aldea y ahora se las enseña a escondidas a esos mocosos?
Levantó la vista hacia el cielo. Entre las montañas ya estaba por oscurecer, y la luna brillante se ocultaba tras unas nubes negras. La tierra quedó sumida en la penumbra, y pronto ni siquiera pudo distinguir las figuras.
La noche ya estaba avanzada. En lo alto de las montañas, los simios lanzaban largos alaridos; se oían chacales y lobos aullando. Una brisa fría se coló por entre sus piernas, calándole hasta los huesos. Temblando, Li Yecheng apretó los muslos y se cayó, aterrizando con el trasero sobre una gran roca.
–Vaya, qué miedo...
Permaneció sentado sobre la roca unos cuántos minutos más. El frío le hizo brotar abundantes y claros mocos. Mientras tanto, en su mente fue urdiendo los rumores que esparciría por la aldea al día siguiente:
–Qué tesoro de nuestros antepasados… yo, Li Yecheng, también soy de la Familia Li – por qué a mí nadie me dio nada? Si es un arte marcial, practicarla no me interesaría en lo más mínimo. Venderla… eso me dejaría vivir cómodamente por varios días.
Bajó la vista hacia el patio una vez más. Ya no se veía ni un alma. Li Yecheng no le dio importancia, se ajustó los puños de las mangas y se puso de pie para regresar a casa.
–¡Madre de…!
Pero en cuanto giró la cabeza, vio una figura de pie, inmóvil, en el pequeño sendero de la montaña. El susto casi lo hizo hacerse encima. No pudo sino arrastrarse a duras penas para esconderse de nuevo tras la gran roca azul.
Temblando, asomó la cabeza para mirar. El rostro de la figura frente a él era delicado y limpio, y sus ojos le miraban desde arriba. Resultó ser su primo menor, Li Xiangping.
Li Yecheng abrió mucho los ojos, adoptó una actitud altiva y se disponía a estallar a gritos, cuando vio que Li Xiangping juntaba los dedos formando un mudra.
–¿Qué…?
Ante sus ojos apareció un resplandor de luz dorada fulgurante. Un dolor agudo le atravesó la garganta. El mundo ante su vista giró y se deformó en tiempo real: un instante veía la luna brillante, y al siguiente vislumbraba borroso el pequeño patio bajo la luz lunar.
La cabeza de Li Yecheng salió volando de repente y cayó con fuerza sobre el pequeño sendero de la montaña. Su conciencia residual miró con desconcierto la sonrisa gélida en el rostro de Li Xiangping, y solo pudo sentir que aquel primo suyo le resultaba más desconocido que nunca.
Del cuello del cuerpo sin cabeza escondido tras la roca, brotaba sangre a borbotones. La cálida sangre tiñó la roca azul, el camino de tierra, las hojas secas, y llegó hasta los pies de Li Xiangping.
El joven retrocedió un paso con desagrado. Al ver caer el cadáver de Li Yecheng, reflexionó un instante, volvió a juntar los dedos para invocar el conjuro y evocó otro rayo de luz dorada.
Se puso en cuclillas y, con la proporción adecuada, cortó el cadáver en grandes trozos. El cuerpo hacía sonidos de fush, fush. Dicho acto era con el objetivo de que las bestias que acudieran atraídas por el olor durante la noche lo llevaran a distintos lugares de la montaña.
Una vez hecho todo esto, Li Xiangping se puso en pie y miró a su alrededor. En las zonas de sombra del bosque ya habían aparecido muchos ojos verdosos. Dio una palmada y dijo en voz baja:
–Disfruten de la comida, caballeros.
––
La familia Li.
Li Changhu despertó de su meditación, pero no encontró a sus dos hermanos menores a su lado. El enorme patio trasero estaba tan silencioso que solo se escuchaba el canto de los insectos. Con inquietud en el corazón, se apresuró a cruzar hasta el patio principal, donde finalmente encontró a Li Tongya.
Viendo a Li Tongya sentado frente a la mesa de madera, hojeando unos conjuros escritos en tablillas, Li Changhu preguntó con cierta perplejidad: –¿Por qué no veo a Xiangping?
–Fue a lavarse las manos. –respondió Li Tongya, enrollando lentamente la tablilla de madera mientras miraba a su hermano mayor.
–Tongya, ¿te estás preparando para condensar el chacra del Paisaje Profundo? –Li Changhu apoyó ambas manos sobre la mesa de madera y preguntó con un poco de envidia.
–En unos días más podré condensar las ochenta y una hebras de esencia lunar. No estamos a la altura de Chejing… Siempre siento que debo esperar y prepararme durante algunos días más.
Li Tongya tomó un pequeño trozo de tela blanca, lo enrolló con fuerza varias veces alrededor de la tablilla e hizo un nudo corredizo.
–Hermano mayor, ¿cuál de los cuatro crees que se parece más a Padre? –preguntó de repente Li Tongya, mirando fijamente a Li Changhu con gran seriedad.
–Obviamente tú.
Li Changhu respondió sin pensarlo, luego se quedó atónito un instante, buscó un lugar donde sentarse y continuó sonriendo:
–Yo soy demasiado generoso, Xiangping demasiado inquieto y Chejing demasiado tímido. Solo tú, Li Tongya, eres sereno y discreto, sin revelar nada de lo que estás pensando. Eres el que más se le parece.
–Jajaja.
Li Tongya soltó una risa seca, hizo un gesto con la mano y dijo con gravedad:
–Hermano mayor, deja de halagarme. En mi opinión, de los cuatro hermanos, Xiangping es el que más se parece a él.
–¿Por qué? –preguntó Li Changhu, mirando a su hermano con desconcierto.
Li Tongya comenzó a hablar pausadamente:
–Cuando jugábamos en el patio de pequeños, Padre nos dijo una vez: “Aquel que mata por primera vez, o le zumban los oídos y se le calienta la cabeza, avanzando sin cesar; o tiembla sin poder contenerse; o grita sin parar, olvidándose del cielo y de la tierra por completo.”
–”Solo yo, Li Mutian, cuando maté por primera vez, guardé el cuchillo, bebí vino y me reí, como si nada hubiese pasado.” Habiendo dicho eso, Padre se echó a reír a carcajadas, muy orgulloso.
–Xiangping es el que más se parece a padre.
Li Tongya bajó la voz, se inclinó hacia el oído de Li Changhu y dijo suavemente:
–Porque él es lo suficientemente cruel.
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