Ookami wa Nemuranai: Episodio 5.1 / Inicio del Episodio 5.
Autor: 支援BIS (ShienBIS)
Traducción en Inglés: Sousetsuka. (https://www.sousetsuka.com/p/blog-page.html)
Traducción en Español: Torno Traduce.
Imágenes de la Novela Ligera: TraitorAIZEN.
Imágenes de la Novela Ligera: TraitorAIZEN.
Si estás viendo en un sitio web que no sea traduccionesdoblet.blogspot.com, entonces esta traducción fue sacada de la humilde cosecha de Torno. ¡Me alegro que te guste!
Le damos inicio al Capítulo 5: 「Calabozo Golbul」.
Lecán vio al mensajero de Chaney esperándolo frente a la posada donde había decidido quedarse.
–A mi maestro le gustaría cenar con vos, Aventurero.
Una vez Lecán se pasó un paño húmedo por el cuerpo, dejó que lo llevasen a un restaurante de clase alta en el distrito comercial. Allí, lo llevaron hacia una habitación y fue servido alcohol hasta que Chaney llegó tiempo después.
A él no le gustaba cenar en una habitación privada y cenar comida extravagante.
Sin embargo, hoy le habían surgido las ganas de discutir algo en privado con alguien en quien pudiese confiar, y Chaney no era una persona que tuviese problemas con que hablase con sinceridad. Además de eso, al estar acompañados de buena comida y buena bebida, no tendrían mejor oportunidad que esa.
–Buenas, Lecán-san. Me alegra saber que te encuentras bien. Me enteré que te hiciste aprendiz de Shiira-shi.
–Te debo una. Lamento no haberlo dicho antes.
El lugar donde cenaban era un establecimiento de clase alta en el distrito comercial de Vouka.
El mercader no reparó en gastos para entretenerlo, pues tanto la bebida como la cena fueron exquisitas. Gracias a esto, se encontraba de muy buen humor, el licor estimulando la mente del aventurero.
–¿Le has mostrado a Shiira-shi la varita que llevaba Marakis?
–¿A Shiira? No.
–Creo que sería buena idea hacerlo más adelante.
Eso significaba que Chaney sabía que él llevaba consigo el arma que usó el asesino contratado, pero eso no fue algo que Lecán entendió cuando el mercader lo dijo en voz alta.
–Hou.
–Ese objeto fue algo que el Lord pidió que Shiira-shi trajese como intermediario. No vayas divulgando eso que es secreto, ¿está bien?
–¿Qué?
–Fue hecho por un amigo de ella; un ingeniero de objetos mágicos que vive en la capital real, según me contaron.
–¿En serio?
–¿No habían armas como esas en tu pueblo natal, Lecán-san?
–Nop. Nunca vi algo así, pero…
En un principio, al Lobo le interesaron por la forma extraña que tenían. No obstante, existían en su mundo original las varitas que canalizaban hechizos como “bola de fuego roja”, “blanca” o “azul”. De hecho, tenía varias de ellas en su 「Almacén」.
Justo en el instante donde Lecán estaba por contárselo, una alarma sonó en su cabeza. Shiira le había advertido de esto mismo; si iba revelando sus habilidades por ahí, varios comerciantes con pocos escrúpulos tratarían de esclavizarlo.
Y esa línea de pensamiento no aplicaba solo a 「Almacén」, pues él contaba con muchas cosas valiosas dentro de ese mismo, como la gema de dragón que le había enseñado a Shiira. Eran varias las cosas que para él no importaban, pero que podrían volverlo un objetivo si no era cuidadoso con lo que revelaba a los demás.
–Una cosa sería si me dejasen en paz en cuanto les diese las cosas, pero no puedo probar si algo sale o entra de mi 「Almacén」. La codicia de la gente no me dejaría vivir en paz.
Chaney era un hombre virtuoso que estaba endeudado a Lecán, pero era un mercader hasta la médula. La más mínima pista le daría una indicación sobre las habilidades y objetos que llevaba consigo y, tanto en este mundo como en el suyo propio, un comerciante con plata podía conseguir todo aquello que se propusiese.
En el otro lado, Lecán era muy malo para expresarse con palabras. Pelearía una batalla cuesta arriba, si alguna vez llegase a pasar.
–Tengo que mantenerme al margen. No debo darle ni una pizca de información.
–¿A que se refiere cuando dice “Pero”, Lecán-san?
–Nah, a nada. Solo tenía ganas de verlo.
–Ah, eso me alegra. ¿Puedo ayudarle en algo?
–Me gustaría que me enseñases sobre calabozos.
–Creo que Shiira-shi sería más apta para enseñarle sobre eso…
Chaney tuvo que esperar hasta que le terminase de explicar antes de seguir hablando.
–Shiira está cansada, y se va a tomar diez días para descansar. Cuando me dijo “Anda a un calabozo”, básicamente fue para echarme.
–¡Jajajajaja, ya veo! Esta oportunidad te viene como anillo al dedo, Lecán-san. Si ese es el caso, será un placer decirte lo que sé.
–Aun con todo ya dicho, mi conocimiento de calabozos no es perfecto, y gran parte de lo que puedo contarte son solo rumores de boca en boca.
–Ahora que lo pienso, si va a ir al Calabozo Golbul, ¿te gustaría un mapa?
–¿Un…mapa? Nunca escuche de un mapa para un calabozo.
–Son una comodidad como cualquier otra. Si te interesa, puedo contactar con alguien que los venda en la ciudad para obtener uno…a mañana, a más tardar.
–¿Para qué sirven?
–Mínimamente, tienes un boceto de cada piso y de sus salidas. Como Golbul es un lugar tan espacioso, saber el camino más rápido para completarla sirve mucho.
–Los mapas más baratos solo van a tener uno de los muchos pasadizos de salida dibujados, pero conforme aumentan en precio, también explican información sobre las bestias mágicas que se manifiestan ahí y donde aparecen. Saber qué enemigos habrá de antemano le permite a uno hacer muchas preparaciones. Los mejores, además, muestran registros sobre qué tipo de tesoros se encontraron ahí abajo.
–Un momento, ¿una escalera?
–Uhm, pues…¿no es conocimiento popular que las escaleras conectan los pisos entre calabozos?
–¿Podés ir a otro piso sin vencer al Jefe?
–No sé a que te refieres con “Jefe”.
–Los que están en la Recamara del Jefe.
–Ese término tampoco lo conozco.
Y así, continuaron con dicha discusión fragmentada hasta que Lecán logró aprender la composición de las Mazmorras de este mundo.
Allí, los calabozos contaban con pisos; Golbul tenía 30. Dichos pisos se bajaban por escalinatas, que aparecían según el tamaño del entorno. Los calabozos más pequeños solo tenían una. Con respecto a Golbul, el piso más grande tenía cinco mientras que el más chico tenía dos. Cualquiera podía pasar o usar las susodichas.
Conforme él baje por el calabozo, los enemigos aumentarían su fuerza, y cada piso tendría un tipo de bestias predeterminadas. Sin embargo, también era posible encontrarse con ejemplares raros y mucho más fuertes de las mismas en las mazmorras comparado al exterior.
Era imposible saltarse pisos. Si él quisiera llegar al piso 30, tendría que pasar por los 29 anteriores y, en caso de querer volver a la superficie, deberá subir los 29 de nuevo.
No existían los Jefes ni Recamaras, siendo ambos reemplazados por un enemigo muy fuerte que tiene muchas chances de soltar un cofre del tesoro en cada piso. Similar a la superficie, vencer a los monstruos dentro te dará materiales y objetos; si uno sacase las gemas de su cuerpo, las mismas se convertirían en polvo.
A veces, la muerte de un monstruo traía consigo un cofre si su cuerpo desaparecía un instante después de morir. Dentro, solían contener objetos raros; medicinas, dijes protectores, armas, pociones, accesorios, entre otras cosas. Cualquier medicina que se consiguiese de un cofre sería de primera clase, y no se deterioraría con el tiempo. La medicina de clase más alta era 「Cura Santa」, la cual sanaba todo tipo de heridas, enfermedad o maldición, incluso restaurando extremidades faltantes. Su última aparición pública fue hace tres años, pero habían varios rumores sobre muchos ejemplares de este objeto en circulación por el mercado negro.
En el piso final de cada Mazmorra había un Maestro de Calabozo. En caso de que muera, todas las bestias del mismo desaparecerían y no volverían a manifestarse hasta que el Maestro apareciese nuevamente, lo cual solía tomar días o incluso semanas. Debido a eso, los nobles de una zona suelen sufrir al escuchar que alguien conquistó un calabozo, pero no pueden prohibirlo dado el prestigio que le daba a un aventurero llevar a cabo semejante acción.
Siempre que se descubría un nuevo calabozo, el rey enviaba a un noble con la tarea de gestionarlo. En ese país, las ciudades que se construían alrededor de una mazmorra adoptaban su nombre, con la excepción de la capital real.
Hay ciertos calabozos que requieren pagar entrada; Golbul no era una de ellas.
No hacían falta calificaciones para entrar a un calabozo, pues todos podían, por decreto, entrar en uno sin restricciones. Sin embargo, los señores de un pueblo tenían la potestad de prohibirle el paso a alguien siempre y cuando tuviesen una razón convincente, y existían las mazmorras que daban advertencias a quienes deseasen incursionar dentro de ellas. En el caso de Golbul, habían guardias que la vigilaban y avisaban a aquellos que considerasen estar mal equipados o quienes contaban con poca experiencia para tratar de entrar dentro de ella.
Una vez dentro, crímenes como robo y asesinato no serían penados. Aun a pesar de eso, los Jittoles solían evitarse lo mejor posible una vez dentro, pero eso no significaba que no existiesen hombres y mujeres dedicados a matar aventureros.
No es forzado viajar en grupo, pero la mayoría atacaba las mazmorras en grupos de cinco a diez dado que ese era el número más apto tanto en flexibilidad como a la hora de distribuir el tesoro. Viajar en solitario o en pareja era demasiado peligroso, así que aquellos faltos de gente acostumbraban buscar un grupo temporal en la zona abierta antes del calabozo.
–La mayoría no intentan entrar por su cuenta, pero Lecán-san no es de la mayoría, ¿verdad?
–Mhm.
–Sí, no me imaginaba que hubiese una bestia o persona que pudiese hacerte temblar de miedo. Por favor, solo te pido que tengas cuidado con los caballeros del Conde Golbul.
–Son duros, eh….
–Sacate esa sonrisa de la cara, por lo qué más quieras. No son duros; son insufribles.
–Osea, ¿son buscapleitos?
–Sí, de pies a cabeza. Toman como presa a aquellos aventureros que obtengan buenos objetos en el calabozo, y se los sacan con descuentos inventándose calumnias sobre ellos. En caso de que no se los den, inventan rumores falsos sobre cómo los obtuvieron.
–Matar o robar dentro de la mazmorra no cuenta como una ofensa, ¿verdad?
–No, pero nadie quiere trabajar con alguien conocido por asesinar gente.
–Tiene sentido.
–También, el mes pasado, un noble relacionado al conde quiso explorar el calabozo con sus lacayos, pero encontraron un triste final a manos de unas bestias.
–El noble poseía una espada con Gracia, y un aventurero se la encontró para luego quedársela. “Todo lo que encuentres en un calabozo es dueño de quien lo recoja”.
–¿Gracia?
–A veces, en un calabozo, ciertos objetos que se obtienen dentro tienen un efecto que potencia tus capacidades. Eso son las Gracias; un arma mediocre incrementa su valor exponencialmente si posee una.
–¿Y qué pasó con esa espada?
–El Jittol que la obtuvo fue insistido por los agentes del conde para que la pusiese en su subasta. Argumentaban que “todos los objetos que se encuentren en el calabozo deben subastarse”, y-
–Supongo que se vendió barata.
–Por una moneda de plata, sí.
–Que terrible. ¿Metió mano el conde?
–Solo sus representantes pudieron participar. Aquellos que intentaron además de ellos eran echados o vetados por “actuar sospechosamente”.
–Así que el conde hace ese tipo de negocios…te debo una, Chaney.
–¿Estás seguro que no necesitas información de las bestias mágicas?
–No, prefiero quedarme con la sorpresa. Pero, como quiero llegar al fondo lo más pronto posible, si voy a tener que pedirte que me consigas un mapa con las localizaciones de las escaleras.
–Muy bien, haré que te lo lleven a la posada. Y, si me permites pedirte algo…
–¿Sí?
–El conde cree que lo que se consiga en su mazmorra debe venderse en la ciudad Golbul. Por ende, tienes que vender una cierta cantidad de objetos que consigas en ella. Sin embargo, por favor véndeme a mí los que sean verdaderamente valiosos.
–Lo tendré en mente.
–Perfecto. Con eso dicho, déjame darte esta bolsa.
Uno de sus subordinados vino a la habitación y acató una orden que le dio. Seguro que era por esto.
–¿Una 「Ruuf」?
–Sí. Asegúrate de traer muchas cosas en ella.
–Por supuesto.
Por primera vez en mucho tiempo, Lecán durmió bien. A pesar de que el viaje con Shiira valió la pena, también fue muy cansador.
–Sin importar lo agradable o cordial que sea una bestia salvaje, dormir al lado de ella te estresa.
–Y Shiira es varias veces más terrorífica que una bestia. ¿Cómo podría relajarme al lado de algo así?
Comentarios
Publicar un comentario