Ookami wa Nemuranai: Episodio 1.14

Autor: 支援BIS (ShienBIS)

Traducción en Inglés: Sousetsuka. (https://www.sousetsuka.com/p/blog-page.html)

Traducción en Español: Torno Traduce.

Lecán se paró por primera vez en mucho tiempo frente a la habitación de Ruby. En un principio, acudía a su llamado todos los días, hablando con gestos cuando Lecán todavía no aprendía la lengua de la región. Así, aprendió varias palabras que de otra manera le habrían costado más esfuerzo.

 

–Recordándolo ahora, sí que fueron buenos tiempos. Incluso aprendí a escribir gracias a ella.

Al llegar dentro, la jovencita lo bombardeó con preguntas.

–Mi La Enpi, ¿Que comen de desayuno en donde vive?

–La Enpi, ¿Qué clase de dulces se comen en vuestro hogar?

–La Enpi, ¿Llevan ropas ostentosas los nobles de su tierra natal?

La Enpi, o “Descendientes”, era como ellos les decían a quienes venían desde otro mundo. Sorprendentemente, habían contados registros escritos que hablaban sobre ellos. A pesar de esto, como las últimas apariciones detalladas databan desde hace ya cien años, pocos creían en su veracidad.

 

N/T: 「La Enpi」 en el contexto de la novela viene de “Descender” o “Descensor” / “Descendiente”. Alude a que Lecán y la gente como él vienen de los Agujeros Negros, como los del capítulo 1.1.

De todos modos, ella creía al cien por ciento que Lecán era un Descendiente, lo cual parecía hacerle muy feliz.

Pasado un largo trecho de tiempo, Rubianafale dejo de hacer preguntas. Gria, la sirvienta detrás suyo, se veía muy cansada.

–Mi Señor Lobo, hay algo que debo preguntarle.

–Yale.

–¿Podría mostrarme la gema que cuelga sobre su cuello?

–Con todo el cuidado que tuve en no mostrarle mis cosas a nadie, ella va y la nota.

–¿Cuándo la vio? Ahora no puede haber sido; no tiene ángulo para verla. Ah, si vio la cadena…quizás intuyó que debería tener alguna joya colgada.

–Me refiero a esa gema roja.- dijo Ruby, dando una indicación.

-Tal parece ser que no. Si sabe el color de mi adorno, alguien la habrá visto de reojo para luego comentarle que la llevo conmigo.

Marinka se acercó hacia él con una bandeja de metal. Lecán puso su gema en ella; realmente no tuvo elección.

–Ah, pero…¡qué hermosa!- Ruby miró el objeto, fascinada completamente.

De repente, se saco del cuello una gema de color azul brillante, y la presento en la bandeja que tenia su mucama.

–¡Milady, no…!

–Está bien, Marinka.

–Momento, MOMENTO. Rubiafanale, no me hagas esto. ¡Dios, ten piedad!- El dios de esta tierra, como era de esperarse, no se apiadó de él, su súplica cayendo en oídos sordos.

–Señor Lobo, hagamos un intercambio; su alhaja por la mía.


 

El silencio invadió el lugar por unos instantes que se hicieron eternos mientras la empleada le clavaba dagas a Lecán con la mirada.

–Sí, por supuesto, deben pensar que la gema de la familia es incomparable a la joya barata de un vagabundo como yo. Por ende, esto no es un intercambio…es una recompensa.- El aventurero tragó saliva a la par que su mente simultáneamente terminó de concretar una decisión.

–Tengo que aceptarla, o sería como si la hubiese insultado. La señorita de la casa le otorga a su guerrero preferido su objeto más preciado…¿Qué pasaría si dicho guerrero la rechazase?

 

–No me preocupa demasiado que opinen ellos de mí; me tendría que ir inmediatamente, eso sí, y tampoco es algo que me moleste. No obstante…me estaría cagando en su buena voluntad. Soy indiferente a la idea de morder la mano que me da de comer, pero…

-...Yale.- afirmó Lecán, inseguro de por qué lo hizo.

Se retiró, la imprudencia de su decisión pesándole encima suyo. Dentro de su mente, un juramento peligroso había tomado forma.

-Me tengo que ir de acá lo más rápido posible. Esperaré a la noche, y recuperaré lo que es mío.

Era sentido común que tuviera esos pensamientos. Esa gema que parecía tan inocua era un objeto mágico que aumentaba drásticamente su recuperación de mana y resistencia. La obtuvo en un calabozo, y usó todos su recursos para conseguir las piedras mágicas necesaria para encantarla, y contrató a un Capacitador famoso para que la dejase en el mejor estado posible. Como su compañera de aventuras más fiel, era obvio que no iba a dejarla ir tan fácilmente. La recuperaría a como dé lugar, cuando el momento adecuado se presentase.

Para su tristeza, dicho momento jamás llegó, pues la Señorita Rubianafale pasó sus últimos días en la casa de acá para allá, siendo perpetuamente atendida y cuidada por mínimo una persona. Luego de eso se fue lejos, a casarse con un noble que vivía al otro lado del reino.

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