Mirror Legacy Capítulo 23 - Apertura Espiritual.

Créditos:
Autor Original: Ji Yueren.
Traducción al Español: Miaodusi.

Li Tongya hizo un mudra y observó cómo la fina y densa lluvia espiritual caía sobre la negra tierra. Con el rostro pálido, reflexionó:

–El 「Arte de la Lluvia Espiritual」 del método de cultivo de plantas espirituales consume mucho poder espiritual. Incluso habiendo cultivado la rueda de Portar Brillo, apenas puedo lanzarlo una vez. Y estas plantas espirituales requieren cuidados diarios... realmente necesitamos más manos.

Li Xiangping y Li Tongya habían medido las tierras espirituales en todas las aldeas, y todas eran increíblemente escasas. En la aldea de Lijing, las tierras espirituales estaban dispersas y fragmentadas. Afortunadamente, la parcela más grande era lo suficientemente extensa para plantar diez Frutos de Esencia Blanca.

Por ello, Li Tongya ordenó construir una pequeña propiedad al pie de la montaña en un terreno antes baldío. Allí solía quedarse para cultivar y tender a los campos. Naturalmente, la gente le hacían llegar sus necesidades diarias, haciendo la experiencia bastante agradable.

Li Xiangping, por su parte, eligió una tierra espiritual en la aldea de Jingyang para sembrar el arroz espiritual. Los aldeanos de Jingyang pasaban el día adorando y postrándose fuera del muro de la propiedad, lo cual le parecía algo divertido.

Como aún no había alcanzado la rueda de Circuito Celestial, Li Tongya necesitó meditar casi media hora para recuperar por completo su poder espiritual. Miró la hora. Li Yesheng y los suyos ya llevaban un buen rato esperando fuera de la puerta.

Al oír el «cric» de la puerta de madera, Li Yesheng se inclinó apresuradamente y preguntó con respeto:

–Los niños de todas las aldeas han llegado. ¿Quieres ir ahora, Hermano Tongya?

–Mhm.

Li Tongya respondió en voz baja y, entre las sonrisas atentas de Li Yesheng y los fornidos hombres que lo seguían, caminó lentamente hacia la entrada de la aldea.

——

Bajo el gran árbol de pagoda[1], de frondosas ramas y hojas, en la entrada de la aldea, se habían reunido todos los representativos de los diferentes pueblos. Los encargados designados por la familia Li lideraban a varios personajes prominentes de cada aldea, y detrás de ellos seguían grupos de niños de todas las edades.

Los encargados estaban bastante relajados, charlando en voz baja bajo el árbol de a dos. En cambio, los aldeanos forasteros se mostraban ansiosos y cohibidos, sin atreverse a hablar, permanecían tiesos. Los niños se contagiaron y se sentaron obedientemente en el suelo, uno por uno.

Chen Erniu estaba en la cima de la felicidad últimamente. Tan contento estaba que no podía dormir. Después de que generaciones de sus ancestros se arrastrasen por el barro, él estaba viviendo una vida digna de un hombre.

Cuando supo que lo habían enviado a administrar Lichuankou, Chen Erniu golpeó su frente nueve veces ante el patio de los Li y, entre lágrimas, le había jurado al viejo Li Mutian con desesperación:

–Por la confianza que el viejo maestro ha depositado en mí, aunque sea para poner orden en esos campesinos del Lichuankou, yo, Erniu, los apalearé hasta que se sometan por completo.

Cuando había llegado como refugiado, había recibido la ayuda de los Li. Para casarse y comprar tierras, había recibido la caridad de los Li. Cuando su esposa enfermó, también fueron los Li quienes pagaron por su medicina. Este favor había atado firmemente a Chen Erniu al carro de guerra de la familia Li.[2]

Además, siempre y cuando le diesen beneficios tan desocomunales él, Chen Erniu, se comería hasta la mierda de perro.

El problema era que, desde la época en que habían sido arrendatarios, él y Xu Wenshan no se llevaban bien. Por eso, entre sus dos aldeas también solía haber fricciones. Solo Ren Ping'an ocupaba una posición por encima de los tres pueblos; pasaba todos los días gestionando sus asuntos aldeanos, solo.

–Administrador Chen…

Una voz apremiante sonó junto a su oído. Chen Erniu giró la cabeza y vio que era Chen Changhu, un aldeano de Lichuankou que había venido con él.

En Lichuankou predominaba el clan Chen, y Chen Changhu era el más anciano del clan, con gran prestigio en la aldea. Por eso lo habían elegido para liderar la comitiva.

–¿De verdad el inmortal de los Li está dispuesto a aceptar a los hijos del clan Chen?

El viejo, que normalmente era tranquilo y respetado, ahora tenía el rostro lleno de incertidumbre mientras miraba hacia la entrada de la aldea y preguntaba en voz baja.

–¡Dijeron que deben tener Destino de Inmortal! ¡Tienen que tener esa condenada apertura! Los niños de siete a trece años, si tu clan Chen tiene algún hijo con esa apertura espiritual, la familia Li los aceptará a todos.

Chen Changhu asintió repetidamente. Chen Erniu frunció los labios con desdén al verlo, pero por dentro sentía envidia. Lamentaba en silencio que sus dos hijos, o eran demasiado mayores y habían perdido la oportunidad, o demasiado pequeños para venir a hacerse la prueba.

–¡Ya llegó el inmortal!

Al ver a Li Tongya aparecer en la entrada de la aldea, Chen Erniu se apresuró a sonreír y salir a recibirlo. Mientras tanto, pensaba con envidia:

–Quién sabrá cuál de los niños de todas estas aldeas tendrá hoy el destino inmortal.

Li Tongya hizo un ligero gesto de saludo, sonrió a Chen Erniu, volvió la cabeza y dijo a Li Yesheng:
–Comencemos.

Resulta que junto al árbol de pagoda ya habían construido una plataforma de madera. Li Tongya se sentó sobre ella, y abajo comenzaron a cantar los nombres.

–¡Chen Lifu, de Lichuankou!

Un miembro del clan Chen subió temblando con un niño. Li Tongya apoyó la mano en el hombro del niño, hizo circular su poder dharma por el cuerpo de este un instante, luego agitó la mano y dijo:

–Pueden bajar.

Los dos, al oír esto, ni siquiera se atrevieron a responder y bajaron apresuradamente. En los ojos de Chen Changhu, abajo, brilló un destello de decepción.

–¡Siguiente!


Poco después, toda la gente de Lichuankou había pasado. Chen Changhu, con el rostro demacrado, miró a Chen Erniu con una expresión que parecía suplicante.

Chen Erniu puso los ojos en blanco y extendió las manos, indicando que no podía hacer nada para ayudar.

El clima a finales de otoño era fresco y frío. Aunque a mediodía se había reunido tanta gente bajo el árbol, todavía se estaba fresco, pero los aldeanos de todas las aldeas estaban sudando profusamente. Al ver que en Lichuankou no había aparecido ningún destino inmortal, sus corazones se llenaron de un miedo oculto.

Li Tongya, sin embargo, ya estaba preparado mentalmente para esta escena. Entre mil personas, apenas una poseía una apertura espiritual. Con que apareciera un solo niño entre todas las aldeas, ya podría considerarse hacer valer sus esfuerzos; si aparecían dos, sería una ganancia.

–¡Jingyang! ¡Liu Rouxuan!

Apenas se pronunció el nombre, subió a la plataforma una muchacha de unos trece o catorce años, de cejas arqueadas y ojos brillantes, que mordía sus labios con timidez.

Catorce años era prácticamente el límite de edad. Li Tongya negó con la cabeza con resignación, hizo como si no lo hubiera notado y apoyó la mano izquierda en el hombro de la muchacha para hacer circular su poder espiritual.

Tras recorrer una vuelta por los meridianos de la muchacha, Li Tongya soltó una leve exclamación de sorpresa. Los miembros del clan Liu en la aldea de Jingyang, abajo, no pudieron evitar ponerse tensos.

En el punto de acupuntura Qihai de la muchacha, el flujo de energía se agitaba sin cesar, y una cavidad energética transparente latía como si respirara por sí misma.

–Bien. –Li Tongya abrió los ojos, sonrió a la muchacha y dijo con amabilidad: –Ponte detrás de mí.

Liu Rouxuan miró fijamente los ojos de Li Tongya sin reaccionar, como si aún no hubiera asimilado semejante noticia, su fortuna suficiente para hacer temblar los cielos. Tras unos cuantos segundos, por fin reaccionó y, llena de alegría, se colocó detrás de Li Tongya.

Los aldeanos de Jingyang debajo del podio estallaron en un gran alboroto; todos estaban radiantes de alegría, y solo por respeto a Li Tongya evitaron soltar gritos de júbilo. En Lichuankou, en cambio, reinaba una atmósfera lúgubre. Los otros dos pueblos estaban aún más nerviosos.

Poco después, cuando terminaron las pruebas en la aldea de Jingyang y Lidaokou, efectivamente no apareció ningún otro niño con orificios espirituales.

–¡Aldea de Lijing!

Li Tongya recorrió con la mirada a los niños que estaban abajo. Li Xuanxuan, naturalmente, no se encontraba entre ellos; el niño apenas tenía tres años, su cuerpo aún no estaba completamente formado, y habría que esperar al menos hasta los siete para ver si poseía orificios espirituales.

Por fin llegó el turno de los niños de su propia aldea. Li Yesheng alzó las cejas y comenzó a cantar los nombres.

Si no fuera porque el hermano Tongya ya me hizo la prueba hace tiempo, me encantaría subir a intentarlo, –pensó Li Yesheng con resentimiento mientras cantaba los nombres en voz alta.

–¡Ye Qiuyang!

Debajo, Ye Chengfu, su padre, sintió que todo el cuerpo se le tensó de repente. Sus piernas le comenzaron a fallar y quedó mirando fijamente al niño de unos ocho o nueve años que estaba en la plataforma, su corazón consolándose a sí mismo constantemente:

–Mi Clan Ye es, después de todo, una rama de la Familia Li. Algo de su Destino Inmortal debe correr por nuestra sangre...

Cuando vio que Li Tongya apoyaba la mano en el hombro de Ye Qiuyang, Ye Chengfu cerró los ojos, se dejó caer de plano en la tierra arenosa y se quedó escuchando aturdido.

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  1. Dada su gran expectativa de vida y lo grandes que son, estos árboles comúnmente sirven como punto central donde la gente, un mercado o asentamientos rurales se juntan y crean centros comunales.↩︎

  2. Expresión que significa estar atado inexorablemente a una facción, causa o destino en específico.↩︎ 

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